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Aprender de la naturaleza

Todos los lunes pienso: ¿qué puedo compartir en este espacio que sea realmente inspirador, diferente, fuera de agenda? Hoy pensé en compartir una reflexión que me persigue: podemos aprender mucho más de lo que pensamos de la naturaleza.

A Touch of blue..a new life is beginning by Linda230 / busy.

foto de Linda

En 1907, Maurice Maeterlink escribió el libro La inteligencia de las flores, en el que recolectó historias de variadas especies de flores que logran sobrevivir y reproducirse aunque se encuentren con obstáculos. Lo logran porque poseen un tipo de especial de inteligencia. La interdependencia.

Las reflexiones de este escritor nos permiten pensar sobre todo aquello que la naturaleza tiene para enseñarnos. La llamada inteligencia de los enjambres, la organización cíclica de los ecosistemas (en donde nada se desperdicia, todo es aprovechado por otra especie viva), el perfecto diseño de los organismos vivos, la belleza.

En la actualidad, son muchos los sociólogos, economistas y filósofos que buscan sistematizar ese conocimiento. Según James Surowiecki, autor de La Sabiduría de las Multitudes, cualquier grupo humano que siga la inteligencia de las hormigas, las abejas o os cardúmenes de peces se irá haciendo cada vez más eficaz.

A esta perspectiva de pensamiento la llaman inteligencia colectiva. Y es sólo una de las tantas cosas que tenemos para aprender de la naturaleza.

En el diseño, algunos ya entendieron dónde encontrar ideas para hacer el mejor packaging del mundo. Según la revista Ping Mag, la imitación de la naturaleza es una tendencia fuerte en el diseño japonés.

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EL PULITZER INESPERADO

En cuanto me enteré de la noticia hace unos meses me sorprendí: ¡un escritor dominicano llamado Junot Díaz había ganado el Premio Pulitzer en su debut como novelista! Como para que tengamos en cuenta: el año pasado fue el genial Cormac McCarthy el galardonado: no sólo norteamericano, sino con una carrera amplísima literaria en sus espaldas.

Así fue que, en cuanto el libro premiado, La Maravillosa vida breve de Óscar Wao, se editó en español, me lancé sobre sus páginas. Créanme: no tiene desperdicio.

Haciendo foco en el joven Óscar, el libro cuenta la historia de la familia dominicana De León, sus idas y vueltas entre Nueva Jersey y Santo Domingo, y sobre todo expone el modo de vida durante la tremenda dictadura de Rafael Trujillo. Al respecto, eso es lo más destacable del libro: el modo de conjugar un lenguaje ameno, veloz, casi “amable” para el lector (con muchísimo uso del lunfardo propio del caribe), con una cantidad abrumadora de datos históricos. El humor es constante y entonces la información no se hace tediosa, sino casi didáctica. Podría decirse que en una lectura un poco más profunda, esta novela funciona también como una crónica de lo que era vivir bajo el “trujillato“.

Antes de ser catapultado a la fama literaria este año, Junot Díaz ya había colaborado con distintas publicaciones y era respetado en ciertos ámbitos reducidos. Pero cabe señalar que La Maravillosa vida breve de Óscar Wao tuvo una aceptación unánime: no sólo obtuvo el Pulitzer, sino que fue considerada la mejor novela de 2008 por Time, New York Magazine, Washington Post y el Círculo de Críticos Literarios de Estados Unidos.

Además hay otra razón para leerla lo antes posible: Miramax ya compró los derechos para hacer una película.

Escrito el 31/10/08, por Martin. Dejá un comentario.
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El poder del pensamiento by Masaru Emoto

¿Puede la mente modificar aspectos físicos del mundo del mundo que nos rodea?

El 3 de noviembre dará una conferencia en Buenos Aires Masaru Emoto, un especialista en medicina alternativa japonés conocido en todo el mundo por sus experimentos con agua.

En la película What the bleep do we know, Emoto demuestra que cuando una persona dirige sus pensamientos a un recipiente con agua y luego esta es congelada, los cristales resultantes poseen propiedades diferentes de acuerdo al contenido -positivo o negativos- de esos pensamientos.

illo_wat_thankYou by spamx182.
(Gracias)
illo_wat_love by spamx182.
(Amor)

make_me_sick by ShimmyT.

(Me das asco)

Aquí se puede ver un fragmento (subtitulado al español) de la conocida película donde presentan los experimentos de M. Emoto y cómo el agua se modifica al recibir una bendición de un monje budista, al asociarla a la palabra Gracias o a la frase “Me das asco, te quiero matar”:

Como dice el video, si pensamos que el 90% de nuestro cuerpo está hecho de agua, ¿cómo afectará nuestra salud física las palabras y pensamientos de las personas que nos rodean? ¿ Y nuestros propios pensamientos?

Más información:

Sitio oficial de M. Emoto

Críticas de científicos al método de Masaru Emoto

Información sobre su visita a la Argentina

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37 fotos que el mundo necesita ver

Este es el asunto del mail que recibí de Chris Anderson, curador de TED, más conocido por ser el editor de la revista Wired y autor del libro The Long Tail. En su mail, probablemente enviado a miles de personas en todo el mundo, Anderson quería compartir el trabajo del fotógrafo James Nachtwey. Son 37 imágenes que buscan alertarnos sobre una enfermedad presente en 49 países y que se roba una vida cada 20 segundos: la tuberculosis. Más bien, una forma nueva, extrema y resistente a las drogas conocidas de esta vieja enfermedad a la que han bautizado “extremely drug resistant tuberculosis (XDTB)”.

En este sitio se puede ver el video en mejor calidad y apoyar a una organización que busca generar los recursos para prevenir esta inminente pandemia.

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Literatura: John Fante, el genio que nos llegó tarde

Es muy común en el universo artístico que algún protagonista logre prestigio después de su muerte. Algunos los llamarán “adelantados” y otros “incomprendidos”, pero lo cierto es que por lo general, estos tapados suelen saltar a la fama sólo si un colega importante les reconoce su tarea.

Algo así le pasó a John Fante.

Fante (Colorado, 1909) murió en 1983 luego de haber escrito un puñado de novelas que pasaron sin pena ni gloria y se dedicó sobre el final de su vida a escribir guiones de Hollywood. No fue sino hasta que Charles Bukowski admitiera públicamente “Fante fue mi Dios” que se re-editaron todos sus escritos y ahí sí llegó a la masividad (al punto de recibir post-mortem el premio PEN por sus escritos en 1987).

Y hablando de John Fante, llegó la versión en español de su novela Llenos de Vida, de 1952.

Este texto marcó un quiebre para el escritor: por un lado, aquí abandona al personaje Arturo Bandini -alter ego y protagonista en 4 novelas- y escribe como él mismo; por otra parte, luego de este libro, Fante se dedicaría exclusivamente a los guiones por más de 20 años.

Aquí, el propio Fante debe lidiar con 3 temas: la familia -su mujer está embarazada y él emprende un viaje retornando a lo de sus padres por un problema en su casa-, el aburguesamiento -tras años de luchar como escritor finalmente logra un trabajo estable, irónicamente en Hollywood- y la religión -encara de un modo ácido el resurgmiento del catolicismo en la década del ‘50 en Estados Unidos-.

A pesar de estar en primera persona, hay una mezcla de ficción y realidad, todo llevado magistralmente, en una novela que demuestra cómo la simpleza puede ser el arte más complejo.

Llenos de vida es sin dudas una de las joyas que este año llegan para engordar las bibliotecas porteñas.

Escrito el 03/10/08, por Martin. Dejá un comentario.
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Un día a la antigua

Era una cálida mañana de un sábado de marzo y, mientras tomaba unos mates a las apuradas para no llegar tarde a mis clases de Pilates, tomé un diario Clarín ubicado, desprolijamente, sobre una de las sillas de la concina. Muy por encima, repasé titulares hasta que, a punto de abandonar la rápida lectura, mi mirada se detuvo en un interesante artículo,  publicado por el matutino en su insert-anexo del The New York Times y que también publicó el diario español, El País, en su versión on line.  “Deconectarse para conectarse”  (*) es un ensayo de Mark Bittman, un adicto a la tecnología que decidió parar la pelota y “tomarse un día a la antigua”.

Debo reconocer que devoré el artículo e, inmediatamente, me pregunté a cuántos de nosotros el tiempo de la tecnología y la vida virtual nos había apartado de las cosas reales. La verdad es que a muchos. Y otra cosa muy cierta es que la excesiva exigencia de estar ” conectados” ( al celular, al i-pod, mp4, plams, i-phones, etc) nos ha ido llevando a una paulatina desconexión de muchas otras actividades socializantes que nos nutren y completan como seres humanos. Comunicarnos cara a cara - mirarnos, olernos, sentirnos - sin mediar pantalla alguna, la ronda de mates en casa de algún amigo y no desdoblada, frente a una PC, en chat y termo individual,  ir a un recital al aire libre y no compartirlo con otros desde un link a Youtube,  jugar a la familia y la casita y no dejar que el Sim mate la inocencia del juego;  en fin, esas cosas que solemos hacer todavía hoy, aunque cada vez menos y que, insistir en ellas pareciera ser un capricho de ir en contra del mundo. Pero no. No se trata de no querer evolucionar.  Al contrario, evolucionar también es caer en cuenta de esto que nos está pasando.

La idea de tomarse un día a la antigua y hacer cosas sin estar enchufados a un cable es sano y necesario! Porque somos seres humanos y precisamos de ellas, porque son la escencia de una comunidad.

Por último,  tampoco estoy aquí ( o por lo menos no es mi intención)  para demonizar a la tecnología, más quiero dejar en claro la necesidad- como Bittman - de la búsqueda del equilibrio entre una vida real y una vida virtual. La necesidad de desconectarnos para reconectarnos con los otros y con nosotros mismos.

(*) en la versión del diario El País, el artículo fue titulado como “Desconectar para así reconectar”.

Escrito el 06/08/08, por Vane. Hay 7 comentarios.
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Solo contra todos

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- Hagas lo que hagas, pase lo que pase, durante los primeros tres meses de vivienda en solitario no podes llamar a tus viejos ni para pedirles una aceituna.

La frase de mi primo mayor me quedó retumbando desde el momento en que mi mamá cerró la puerta de mi flamante morada. Era una oportunidad que no podía dejar pasar: me prestaron un departamento en el que sólo debo hacerme cargo de los gastos, sin pagar alquiler.

Todo transcurría de modo normal, extremando las medidas como para no tener que limpiar -Nota al margen: galletitas, cereales y alimentos que dejen migas, siempre es mejor comerlos sobre el fregadero-. Hasta que el primer accidente doméstico no se hizo esperar: como soy un fanático del café, una de las primeras decisiones que tomé fue prepararme una jarra de tamaño casi industrial como para tener reservas por unos días. Pero dio la casualidad que la cafetera que compré (prefiero el café de filtro), estaba mal soldada. Yo había llenado el filtro con una buena dosis de agua y dejaba que se escurriese a su ritmo, ocupado leyendo el libro del momento. Por eso me enteré tarde de que el contenedor de metal perdía por debajo: No me di cuenta sino hasta escuchar un constante goteo contra el piso de la cocina.

No habían pasado 24 horas y mi nueva casa ya era un enchastre.

No conforme con esto, decidí que lo mejor era retirar el filtro para que no siguiera acumulando café. Mala elección: apenas levanté del sobrecito, el papel no resistió el peso de los granos y el agua, y el filtro se agujereó. Una montaña arenosa de café decoraba entonces la ínfima cocina.

A punto de abandonar todo, cerrar con llave y regresar a la casa de mis padres, aquella frase de mi primo me volvió a la memoria. Así, al mejor estilo Jack de Lost, dejé que por cinco segundos el café tomara posesión de mi cerebro. Luego, paso a paso, ordené, limpié, sequé y acomodé.

Pedir ayuda hubiera sido retroceder en el tiempo, volver a los años de niñez. Esos segundos de claridad mental evitaron que mi presunta adultez retrocediera.

Igualmente, no veo la hora de que se cumplan los tres meses, como para degustar una buena comida casera

Escrito el 15/06/08, por Martin. Hay 3 comentarios.
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Tranquilo, estás a tiempo

Tiger Woods tenía tres años cuando totalizó 48 golpes en un recorrido de 9 hoyos del circuito de golf cercano a su casa, en Cypress, California.

Julie Andrews tenía ocho años cuando logró cantar con un prodigioso alcance de cuatro-octavas.

Mozart tenía ocho años cuando escribió su primera sinfonía.

Charles Dickens tenía doce años cuando dejó el colegio para trabajar en una fábrica porque su padre había ido preso por una deuda.

Ana Frank tenía trece años cuando comenzó su diario.

Paul McCartney tenía quince años cuando John Lennon lo invitó a formar una banda.

Bill Gates tenía diecinueve años cuando co-fundó Microsoft.

Platón tenía 20 años cuando se convirtió en discípulo de Sócrates.

Henry David Thoreau tenía veintisiete años cuando se mudó a las orillas de Walden Pond, construyó una casa, plantó una huerta y comenzó su experimento de dos años de simplicidad y autosustento.

Ralph Lauren tenía veintinueve años cuando creó Polo.

William Shakespeare tenía treinta y un años cuando escribió Romeo y Julieta.

Thomas Jefferson tenía treinta y tres cuando escribió la Declaración de la Independiencia de Estados Unidos.

Coco Chanel tenía treinta y ocho años cuando lanzó su perfume Chanel número 5.

La Madre Teresa de Calcuta tenía cuarenta años cuando fundó las Misioneras de la Caridad.

Henry Ford tenía cincuenta años cuando creó su primera fábrica con linea de montaje.

Pablo Picasso tenía cincuenta y cinco años cuando pintó el Guernica.

Dom Pérignon tenía sesenta años cuando produjo por primera vez champagne.

Oscar Hammerstein II tenía sesenta y cuatro años cuando escribió las letras de La Novicia Rebelde.

Winston Churchill tenía sesenta y cinco años cuando se convirtió en primer ministro de Gran Bretaña.

Nelson Mandela tenía setenta y un años cuando fue liberado de prisión. Cuatro años después fue elegido presidente de Sudáfrica.

Miguel Ángel tenía setenta y dos años cuando diseñó el domo de la Basílica de San Pedro.

Auguste Rodin tenía setenta y seis años cuando se casó con Rose Beuret, a quien había conocido a los veintitrés.

Benjamin Franklin tenía setenta y nueve años cuando inventó los anteojos bifocales.

Frank Loyd Wright tenía noventa y un años cuando completó su trabajo en el Guggenheim Museum.

Dimitrion Yordanidis tenía noventa y ocho años cuando corrió una maratón en siete horas, treinta minutos, en Atenas, Grecia.

Ichijirou Araya tenía cien años cuando escaló el Monte Fuji.

Aunque tengas dieciséis o sesenta, el resto de tu vida está por delante. No podés cambiar tu pasado, pero podés cambiar todo tu futuro. Ahora es tu tiempo.

Extracto del libro The Rythm of Life, de Matthew Kelly.

Escrito el 26/04/08, por Maria. Hay 5 comentarios.
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La vida al revés

Hace varios meses recibí un mail con un texto titulado “La vida según Quino”. Parece ser que Quino no tuvo nada que ver con la autoría del mismo. De hecho, encontré unos cuantos debates sobre el tema.

No obstante, hecha la aclaración del caso, decidí compartir con ustedes este ingenioso texto -que coincído con los que dicen que no es de su autoría- y, por supuesto, un chiste en honor a Quino.

“La vida al revés:

Pienso que la forma en la que la vida fluye está mal.

Debería ser al revés. Uno debería morir primero, para salir de eso.

Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que
te rajen cuando ya no sos tan viejo.

Entonces empezás a trabajar.

Trabajás por cuarenta años hasta que sos lo
suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación.

Fiestas, fiestas negras, parrandas, drogas, alcohol,
salís con mujeres o tipos, que se yo; hasta que estás
listo para entrar en la secundaria.

Después pasás a la primaria, sos un niño que
se la pasa jugando sin responsabilidades de ningún tipo.

Luego pasás a ser un bebé, vas de nuevo al vientre
materno, pasás los últimos nueve meses de tu vida
flotando en líquido amniótico hasta que tu vida se
apaga en un tremendo orgasmo.

Eso sí que es vida!”

-autor desconocido-

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Escrito el 21/03/08, por Pablo. Hay 3 comentarios.
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