El peruano malhablado

Por Martín Lipszyc
No sé si alguna vez les ha pasado lo que a mí: ser seguidor de algo o de alguien y que esa persona o ese grupo de gente repudien la razón por la cual uno es fan.
Voy a ser gráfico. ¿Vieron cuando una banda asegura que odia tocar esa canción que tanto nos gusta? ¿O cuando un director de cine asegura que la peor película que ha hecho es esa que tanto nos conmovió?
Algo así me sucede con Jaime Bayly (Lima, 1965).
Me confieso casi fanático de su estilo de hacer televisión. Me encanta su modo de entrevistar, de generar climas, y esa impunidad casi ingenua que lo habilita a preguntarle cualquier cosa desde, por ejemplo, a una vedette como Moria Casán hasta tal vez el mismísimo Barack Obama.
Sin embargo, él asegura que odia trabajar en televisión.
Cada vez que puedo escuchar o leer algún reportaje que le hacen, Bayly resalta su rechazo al rol que tiene en la pantalla chica, asegura que sólo lo hace por dinero y que a él le gustaría poder simplemente escribir y vivir de sus escritos.
Tanto lo respeto y tantas veces lo escuché referirse a sus novelas que me volqué a leerlo. Ignorante de dónde comenzar, elegí la más elogiada, La noche es virgen, nada menos que ganadora del Premio Herralde de Novela en 1997 (galardón entregado por la prestigiosa Editorial Anagrama).
Y entonces sucedió lo anticipado: si bien es un libro que tiene un estilo sumamente interesante (la mezcla de monólogo interior con diálogos, la carencia de mayúsculas como simulando un diario personal, el poder visual de ciertas descripciones), lo cierto es que no creo que alcance su nivel como entrevistador.
Que se entienda: Bayly me pareció un buen escritor, mucho mejor que muchos otros que se dedican enteramente a la literatura, pero es tan alta su calidad como hacedor de preguntas, que sería una lástima que logre su cometido de abocarse simplemente a los escritos. Suena casi egoísta, pero es así. Si Bayly siguiera su deseo (o al menos lo que manifiesta como anhelo, porque internamente creo que es una pose, pero esa es otra discusión), los espectadores perderíamos a un distinto dentro de la mediocridad de la TV.
Por suerte todavía no se decide. No ha abandonado el periodismo y sigue despuntando el vicio de publicar novelas a la vez (de hecho acaba de editarse una nueva, El canalla sentimental).
Sinceramente espero que mantenga su indecisión.

