La música es un juego

Por Martín Lipszyc
Ya no hay más resistencia. El sueño terminó, dirían los más tremendistas. Algunos dirán que es positivo, que al fin uno puede disfrutar casi palmo a palmo con sus ídolos, que se cumple la razón que lleva a muchos a optar por esta afición. Llámenme nostálgico, pero yo soy de los que creen que, por el contrario, esto es un paso atrás. Mientras miles que en no mucho tiempo se convertirán en millones celebran la llegada del Rock Band íntegramente dedicado a The Beatles, yo pienso que es la confirmación del derrumbe.
Ojo, que no se malentienda: no soy de los que piensan que “todo tiempo pasado fue mejor”. Es más, en esta semana de renacimiento beatlemaníaco me pone contento la reedición de toda la música en un formato de mejor calidad, porque en esos casos la tecnología de hoy en día puede finalmente hacer que los discos suenen del modo en que los músicos lo idearon, con cada detalle en su justo punto. Imagino que un tipo quisquilloso como lo fue Lennon se hubiera pasado horas y horas en un estudio sabiendo el jugo que se le podría sacar a las facultades de grabación actuales. Sin embargo rechazo la llegada de la música a los videojuegos.
Para ubicar en tema a quien no tenga idea de lo que estoy hablando, va un brevísimo resumen: Rock Band es un videojuego que permite a los participantes formar parte de la banda de música que siempre soñó. Uno puede hacer como que toca la guitarra, la batería o el bajo en conjuntos como Red Hot Chili Peppers, AC/DC, The Pixies o No Doubt. Y ahora, la gente de MTV (que en 2006 compró la empresa creadora nada menos que por U$ 175 millones), lanzó por primera vez el juego dedicado exclusivamente a un grupo: nada menos que los 4 de Liverpool.
Destaco esto de “hacer como que toca”, porque lo cierto es que, por más similitudes que aparezcan, no es lo mismo ser guitarrista que jugar a serlo en el Rock Band. Y hoy en día son muchos los chicos que, en lugar de elegir como hobby interpretar un instrumento, creen que da igual practicar con este juego. Pero más allá de la disminución de músicos a futuro (aspecto que, sinceramente, no necesariamente es negativo), el acuerdo para crear el Rock Band de The Beatles implica la aceptación de que la música, como tal, ya no puede subsistir.
Los músicos han sufrido una seguidilla de embates en los últimos tiempos, primero con la piratería, después con las descargas ilegales y ahora obligados a caer en los livings de las familias de clase media. ¿Qué tiene que ver el megarocker Angus Young (guitarrista de AC/DC) con algún quinceañero californiano que, así como decide una tarde tocar “Back in black” mañana elegirá interpretar una canción de Jonas Brothers? Pero es el vil metal, el negocio, el que sepulta la pasión. La saga de Rock Band ya superó los mil millones de dólares de facturación, una cifra poderosa en épocas en que no se le vende un disco a nadie.
Y ahora los Beatles estamparon la firma. No es menor que la banda más importante de la música para muchos haya entrado en esto: es la confirmación de que no hay vuelta atrás. Si ni siquiera una empresa como los Beatles (que, reconozcámoslo, es prácticamente una multinacional) puede quedarse al margen del videojuego, ¿quién podrá hacerlo?
Sé que hay muchos que, a diferencia de esto, estarán contentos de poder compartir con John, Paul, Ringo y George alguna que otra tocada. Pero a ellos les recomiendo que vean Let it be. Eso es, literalmente, tocar.
