Hallazgos inesperados

por Martín Lipszyc
Hay distintas maneras de encontrar un buen libro. Creo que los modos más comunes son dos: el primero, cuando uno visita una casa que no es la propia y, chusmeando por la biblioteca ajena, ve el lomo de algún texto que parece apetecible, lo toma y… ¡bingo!
El segundo tiene que ver con algún paseo por una librería, y, por alguna razón que puede ser desde la tapa hasta el -casi siempre engañoso- resumen de la contratapa o el diseño, decidimos llevarlo y resulta ser una grata experiencia.
Ahora bien, lo que me ocurrió esta semana es mucho más extraño y, a la vez, mucho más gratificante. Intentaba ordenar mi biblioteca personal y, de pronto, me topé con un viejo libro nuevo: un texto que nunca había leído pero que sin embargo descansaba paciente, casi esperando su momento de maduración, entre otros tantos que ya habían cumplido con su objetivo de ser utilizados. No sé si habrá sido un regalo o una compra impulsiva, pero lo cierto es que ahí estaba, como pidiendo ser disfrutado. Lo hice, casi como un auto-escarmiento, pero terminó siendo mucho mejor de lo que pensaba.
Me refiero al libro de cuentos En Celo (Editorial Mondadori), una antología a cargo de Diego Grillo Trubba que reúne a los narradores sub-40 más destacados de la Argentina. La particularidad es que las historias breves reunidas aquí se refieren exclusivamente al sexo: situaciones verídicas, historias ficcionales, mentiras condimentadas… la sexualidad en distintos géneros y modos, con textos que tocan temas específicos que van desde el sadomasoquismo hasta el sexo cibernético, pasando por zoofilia y experiencias tántricas.
En Celo reúne a muchos escritores que seguramente han visto en algún que otro lado como diarios, revistas o suplementos literarios entre otros Washington Cucurto, Juan Terranova, Mariana Enríquez o Josefina Licitra.
Tras esta recomendación específica, quiero retomar el tema inicial.
Todavía no salgo de mi asombro por esta mezcla de satisfacción y una pizca de vergüenza. Reitero: ese libro que me gustó y que hoy recomiendo, estaba desde hace por lo menos un año en ese mismo estante, y la ¿casualidad? hizo que recaiga en él.
La única moraleja que se me ocurre es la siguiente: no hay que deshacerse de un libro, ya que uno nunca sabe cuándo será el punto justo para que esas historias y nuestra sed de narraciones se conjuguen.
