Visitas esperadísimas

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Por Martín Lipszyc

Entre el domingo y el martes, los porteños seremos honrados con dos visitas internacionales que alegran a cualquier persona que disfrute no sólo de la música sino también de los espectáculos visuales. Me refiero a los shows de Peter Gabriel (este domingo 22 de marzo, 21.30 hrs. en el Estadio de Vélez) y de Radiohead (el martes 24 de marzo, con bandas desde las 18.00 en el Club Ciudad de Buenos Aires).

El ex líder de Genesis tocará por tercera vez en nuestro país, y su arribo genera expectativas extramusicales. El testimonio de un amigo puede servir como para graficar a qué me refiero: “No estoy tan al tanto de sus últimos trabajos, pero vi un  DVD con un recital, y ¡en vivo es increíble!“. Es que Peter Gabriel ha acostumbrado a sus fanáticos a estar a la vanguardia del universo audiovisual. En sus recitales puede vérselo flotando en una burbuja gigante, caminando con la cabeza hacia abajo (si: ¡180 grados!), girando por el escenario, con juegos de luces que parecen más propios de la NASA que de un conjunto de rock.

 


Y el martes llega, finalmente y tras años de espera, Radiohead (me incluyo entre los que casi festejamos hasta las lágrimas cuando se confirmó la visita). Además de ser los abanderados del rock alternativo desde su debut en los 90, siempre dejando esa impresión de estar un paso más adelantados que el resto, también ellos le dan una importancia a la cuestión estética (aunque sin caer en las espectacularidades visuales de Gabriel). La banda de Thom Yorke pisará suelo argentino y sé que será una experiencia incomparable para muchos de nosotros.

Estas visitas tal vez sirvan para aplacar el bombardeo negativo que estamos sufriendo. Es cierto y resulta ineludible mencionar que los precios de las entradas son altos (sobre todo en el caso de Radiohead), pero si se puede juntar la plata como para participar de estos eventos, estoy seguro de que valdrá la pena.

Justamente pensaba en la cantidad de veces que pedí dinero prestado como para comprar entradas u objetos que después lamenté. Realmente creo (y confío) en que ninguno de estos shows serán “recitales”, sino que formarán parte del lenguaje urbano del tipo “¿te acordás qué genial fue el show de Radiohead?“.

Es alimento para la memoria, y, siempre que se pueda, pagarlo vale la pena.

(foto de PG en flickr por Kenny Maths)

El triunfo de la constancia

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Al principio era una banda “sectaria”, de skate rock. Después se convirtió en una de las favoritas de los periodistas. Corrían los años ochenta y Massacre Palestina crecía muy de a poco. Un líder carismático, riffs mucho más interesantes que los que sonaban en las radios, y sin embargo la masividad tardaba en llegar.

Hubo cambio de nombre (después del atentado a la embajada de Israel pasaron a ser lisa y llanamente “Massacre“), cambio de integrantes -entró Fico como segundo guitarrista; partió uno de los fundadores, el bajista José Armetta-. Pasaron distintas discográficas hasta finalmente llegar a la autogestión. Pero siempre acompañaron las modificaciones con mucha música y empuje, comandados por el incansable Walas.

El reconocimiento llegaría: tarde o temprano, pero llegaría.

Discos cada vez más limpios, público creciente… Claro que no todo fueron rosas: tal vez uno de los puntos más duros que debió afrontar la banda fue justamente este año, cuando el guitarrista Fico sufrió un accidente en el que falleció su compañera y él terminó duramente golpeado. Pero el empuje siguió, y de pronto llegaron a la meca del rock: Massacre, finalmente, tocaba en Obras. “La fiesta de los superhéroes del under“, tituló Página/12 esa cobertura.

¿Cuántas bandas logran mantenerse durante tanto tiempo? Es fácil seguir con “el negocio” si sos parte de los Rolling Stones: tocando a salas llenas y facturando por millones todo se hace más llevadero. Pero la unión en la adversidad… eso sí que es complicado.

Y entonces me veo, ayer, en una Trastienda abarrotada de público de distintas edades, desde diecicortos a treintaylargos. Padres e hijos juntos, los fanáticos de siempre, los nuevos, parejitas, hombres y mujeres solos…

El ejemplo de la perseverancia está tocando en el escenario, y todos lo disfrutamos.