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Por Martín Lipszyc
Hay una frase que es muy frecuente escuchar, y es la que asegura “!uff, tal persona tiene una vida de película!”, como si hubiera ciertas vidas que merecen ser contadas más que otras. Yo milito en la vereda de enfrente: si bien hay historias que tienen condimentos que pueden parecer bastante más jugosos como para relatar, lo cierto es que lamentablemente (o por suerte, según desde dónde se lo mire) no depende tanto de las cualidades del personaje descripto, sino mucho más de quién lo relate.
Frutos extraños (Ed. Aguilar) es un libro de crónicas escrito por la periodista Leila Guerriero. Ella es una observadora aguda, capaz de encontrar un elemento distintivo en la rutina de cualquiera, en el quehacer cotidiano ya sea de un famoso o de alguien ignoto; y despunta este vicio de describir vidas en distintos medios gráficos, muchas de las cuales fueron recogidas en esta antología de textos realizados por Guerriero entre 2001 y 2008. La verdad es que, al mejor estilo DVD de la serie “Biografías“, no hay uno de los escritos que tenga desperdicio.
En principio… ¿por qué habría de importarnos tanto las rutinas y las decisiones de los otros? Uno entendería el tener cierto interés por cómo es en su cotidianeidad, por ejemplo, la Presidenta, pero ¿Qué me llama la atención de un basquetbolista retirado, o de un empresario más en el saturado mundo de los negocios? Acá entra en juego el “como”.
No es tanto lo qué se dice, sino cómo se lo expresa. Más allá de que creo que el hombre es “chusma” por naturaleza, cuando uno encuentra un texto atractivo, se esconde una razón más profunda. Y la verdad es que los perfiles realizados por Guerriero no tienen desperdicio. Así, a medida que leía el libro, me iba interesando menos en quien era descripto y más en los recursos que la periodista encontraba para narrar estos mini-documentales.
Frutos extraños se convirtió para mí en uno de los mejores libros “para tener a mano”. Lo recomiendo porque, si bien es periodismo, en realidad es literatura de alto vuelo condensada para ser publicada en diarios o revistas.
Y esto, aunque suene igual, es realmente muy distinto.
Escrito el 09/10/09 por Martin
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Por Martín Lipszyc
No sé si alguna vez les ha pasado lo que a mí: ser seguidor de algo o de alguien y que esa persona o ese grupo de gente repudien la razón por la cual uno es fan.
Voy a ser gráfico. ¿Vieron cuando una banda asegura que odia tocar esa canción que tanto nos gusta? ¿O cuando un director de cine asegura que la peor película que ha hecho es esa que tanto nos conmovió?
Algo así me sucede con Jaime Bayly (Lima, 1965).
Me confieso casi fanático de su estilo de hacer televisión. Me encanta su modo de entrevistar, de generar climas, y esa impunidad casi ingenua que lo habilita a preguntarle cualquier cosa desde, por ejemplo, a una vedette como Moria Casán hasta tal vez el mismísimo Barack Obama.
Sin embargo, él asegura que odia trabajar en televisión.
Cada vez que puedo escuchar o leer algún reportaje que le hacen, Bayly resalta su rechazo al rol que tiene en la pantalla chica, asegura que sólo lo hace por dinero y que a él le gustaría poder simplemente escribir y vivir de sus escritos.
Tanto lo respeto y tantas veces lo escuché referirse a sus novelas que me volqué a leerlo. Ignorante de dónde comenzar, elegí la más elogiada, La noche es virgen, nada menos que ganadora del Premio Herralde de Novela en 1997 (galardón entregado por la prestigiosa Editorial Anagrama).
Y entonces sucedió lo anticipado: si bien es un libro que tiene un estilo sumamente interesante (la mezcla de monólogo interior con diálogos, la carencia de mayúsculas como simulando un diario personal, el poder visual de ciertas descripciones), lo cierto es que no creo que alcance su nivel como entrevistador.
Que se entienda: Bayly me pareció un buen escritor, mucho mejor que muchos otros que se dedican enteramente a la literatura, pero es tan alta su calidad como hacedor de preguntas, que sería una lástima que logre su cometido de abocarse simplemente a los escritos. Suena casi egoísta, pero es así. Si Bayly siguiera su deseo (o al menos lo que manifiesta como anhelo, porque internamente creo que es una pose, pero esa es otra discusión), los espectadores perderíamos a un distinto dentro de la mediocridad de la TV.
Por suerte todavía no se decide. No ha abandonado el periodismo y sigue despuntando el vicio de publicar novelas a la vez (de hecho acaba de editarse una nueva, El canalla sentimental).
Sinceramente espero que mantenga su indecisión.
Escrito el 12/06/09 por Martin
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Muchos escritores consagrados comenzaron sus carreras en las letras en el mundo periodístico. Si uno lo piensa, no es extraño: ¿Qué mejor que quienes pueden pintar una época para luego inventar historias con contenido social?
Lamentablemente hace poco más de un mes perdimos a uno de los más dotados cronistas, un hombre cuya meticulosidad, ironía y capacidad de ver más allá de lo establecido hizo que los lectores de publicaciones mensuales se encontraran con textos que, manteniendo la calidad informativa, emanaban literatura: David Foster Wallace.
Foster Wallace fue sumamente reconocido como novelista, aunque es imposible mencionar su nombre sin recordarlo como EL cronista de esta generación. Así como Hemingway, Capote y -tal vez más cercano en estilo- Hunter Thompson, Foster Wallace escribió crónicas inolvidables, muchas de ellas recogidas en el libro “Hablemos de langostas“, que aprovecho para recomendar en esta ocasión.
Entre ellas, hay una que quiero destacar, sobre todo por su actualidad: la que escribió en 2000 para la revista Rolling Stone acompañando a un precandidato republicano que perdería las internas con George W. Bush y que hoy es uno de los hombres más mencionados en el Planeta… un tal John McCain. Realmente imperdible para conocer desde adentro a un hombre del que poco se sabe en el Sur del Sur.
Foster Wallace tenía 46 años cuando se suicidó el 12 de septiembre de este año. Por motivo de su muerte, el periodista argentino Emilio Fernández Cicco, fanático de este escritor, titulaba una columna con una duda que resumía el sentimiento de muchos de sus seguidores: ¿Por qué la gente buena se suicida?… preguntas sin respuesta.
Escrito el 17/10/08 por Martin