El triunfo de la constancia

Al principio era una banda “sectaria”, de skate rock. Después se convirtió en una de las favoritas de los periodistas. Corrían los años ochenta y Massacre Palestina crecía muy de a poco. Un líder carismático, riffs mucho más interesantes que los que sonaban en las radios, y sin embargo la masividad tardaba en llegar.
Hubo cambio de nombre (después del atentado a la embajada de Israel pasaron a ser lisa y llanamente “Massacre“), cambio de integrantes -entró Fico como segundo guitarrista; partió uno de los fundadores, el bajista José Armetta-. Pasaron distintas discográficas hasta finalmente llegar a la autogestión. Pero siempre acompañaron las modificaciones con mucha música y empuje, comandados por el incansable Walas.
El reconocimiento llegaría: tarde o temprano, pero llegaría.
Discos cada vez más limpios, público creciente… Claro que no todo fueron rosas: tal vez uno de los puntos más duros que debió afrontar la banda fue justamente este año, cuando el guitarrista Fico sufrió un accidente en el que falleció su compañera y él terminó duramente golpeado. Pero el empuje siguió, y de pronto llegaron a la meca del rock: Massacre, finalmente, tocaba en Obras. “La fiesta de los superhéroes del under“, tituló Página/12 esa cobertura.
¿Cuántas bandas logran mantenerse durante tanto tiempo? Es fácil seguir con “el negocio” si sos parte de los Rolling Stones: tocando a salas llenas y facturando por millones todo se hace más llevadero. Pero la unión en la adversidad… eso sí que es complicado.
Y entonces me veo, ayer, en una Trastienda abarrotada de público de distintas edades, desde diecicortos a treintaylargos. Padres e hijos juntos, los fanáticos de siempre, los nuevos, parejitas, hombres y mujeres solos…
El ejemplo de la perseverancia está tocando en el escenario, y todos lo disfrutamos.
