Las miserias y las villas

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Por Martín Lipszyc

Viviendo en la Argentina, es constante escuchar una frase sobre todo en cuanto se acercan momentos de elecciones: “Al poder le conviene mantener en la marginalidad extrema a los pobres, porque así los dominan”. La teoría del control mediante la limitación tanto económica pero sobre todo social a ciertos grupos de personas suele ser motivo de debate o a lo sumo de exposición -en contadas investigaciones periodísticas que sirven lamentablemente sólo para desnudar realidades y no para cambiarlas- pero pocas veces hay acciones para revertir lo que pasa día a día. Y tal vez ese sea uno de los grandes aciertos de La Virgen Cabeza: demostrar que el Poder está preparado para atacar a quien realmente quiera cambiar las cosas.

La novela nos ubica en un futuro dentro de unas pocas décadas, en la Argentina. El escenario es la villa miseria de El Poso, lindante -como muchas veces sucede- a un barrio de clase media/alta de la provincia de Buenos Aires. La situación allí no es tan distante a la que imaginamos hoy en una zona de ese tipo: pibes chorros, prostitución, y todo amparado por la máquina absoluta de la Policía, que a cambio de una tajada más que importante, hace la vista gorda ante cualquier delito que ocurra.

Pero la normalidad cambia un día en que el travesti Cleopatra entra en contacto nada menos que con la Virgen María, al punto en que abandona la prostitución y, siguiendo los mandatos místicos, comienza a resolver con supuestos milagros la situación de quienes van a consultarle. La noticia trasciende la villa, ricos y famosos van a consultarle (una Susana Giménez en silla de ruedas, sin ir más lejos) y la vida en El Poso comienza a cambiar.

Los sucesos llegan entonces a oídos de Qüity, que desembarca hasta allí para realizar la cobertura periodística, pero que termina formando parte de esta nueva vida villera. La novela está contada casi íntegramente por la reportera, en una suerte de gran flashback. Qüity tendrá no sólo una nueva experiencia desde lo social, sino también desde lo amoroso, ya que terminará junto con Cleopatra.

Todo se modifica drásticamente el día en que la Virgen le ordena a Cleo que, junto con el resto de los habitantes, construya un estanque y comience a criar peces en El Poso. Bíblica y realmente “los peces se multiplican”, y la villa logra ser autosuficiente. Con la necesaria comida como para vivir, Cleo comienza a organizar la villa e insta a los chicos para que dejen de robar y se centren en el trabajo y el estudio.

Ahora bien, retomando lo mencionado al inicio, si algo no soporta el Poder son los cambios drásticos. Y es por eso que Policías y autoridades políticas no verán con buenos ojos lo que pasa en la villa. Así, lo que parece un cuento de hadas tendrá componentes trágicos fundamentales.

La Virgen Cabeza (Eterna Cadencia Editora) es el debut en la novela de la periodista Gabriela Cabezón Cámara. El texto, relatado en forma casi coloquial sobre todo por Qüity aunque a veces también por Cleo, fluye de modo ameno pero mantiene un ritmo atrapante. A pesar de la agilidad del relato, la escritora logra tocar con la sensibilidad y precisión necesarias cuestiones como los problemas socioeconómicos y sobre todo culturales que transita la Argentina, algo muy difícil de lograr en una novela de menos de 200 páginas.

La Virgen Cabeza es sin dudas una gran opción para cualquiera que disfrute de una buena lectura con contenido que invita a la reflexión.

Cortázar, el eterno

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Por Martín Lipszyc

El anuncio fue hecho con bombos y platillos, pero yo leía las noticias relacionadas al lanzamiento con muchísima desconfianza. “Sale un nuevo libro con textos inéditos de Cortázar“, rezaban los títulos en las secciones culturales de diarios de todo el Planeta.

“¿Inéditos? ¿Para qué?”, me preguntaba. Mi mayor temor era que justamente esa in-edición, si le cabe el término, hubiera sido súmamente meditada, es decir que el propio Julio Cortázar hubiera considerado que esos textos no ameritaban ver la luz pública por diversa cantidad de razones. ¿Y si en esos escritos el genial autor (uno de mis favoritos, sin lugar a dudas) no llegaba al Olimpo que alcanzaba en cada uno de sus párrafos? ¿Podríamos sus fanáticos llegar a conocer a un Cortázar mediocre, una especie de alter-ego gris que el mismo genio hubiera escondido a lo largo de su vida?

Alguno podría decir que la publicación de textos post-mortem es muy pero muy común en el mundo literario. De hecho, uno de los más fantásticos escritores, Franz Kafka llegó a reclamar que quemaran absolutamente todos sus manuscritos, algo que por suerte no fue hecho y fue por ello que nos llegaron esas maravillosas historias. Pero lo cierto es que con Cortázar era diferente: él fue lo suficientemente selectivo como para decir qué quería que viera la luz pública.

Me llegó tranquilidad al saber que su viuda y responsable de la herencia cultural, Aurora Bernárdez, no sólo aprobó la edición de Papeles inesperados (Editorial Alfaguara), sino que también trabajó palmo a palmo con el responsable de la compilación, Carlos Álvarez Garriga. Y, créanme, el libro no tiene desperdicio.

Hay relatos, discursos, ensayos, versiones alternativas a textos publicados, fragmentos extirpados de novelas, narraciones inéditas de historias de cronopios y de famas, artículos sobre arte y literatura… es un festín para el fanático y, quédense tranquilo: Cortázar era tan ”distinto” que eso que no leímos antes y que recién ahora nos llega mantiene el nivel de superlatividad al que nos ha acostumbrado.

Papeles inesperados es una obra fundamental. No debería faltar en las bibliotecas argentinas. No ya de los fanáticos de Cortázar, sino de los que saben disfrutar de la buena literatura, de los giros inesperados en los relatos, de las visiones sorprendentes ante hechos aparentemente mundanos. Cortázar era un genio, y como los más grandes de la historia, su genialidad su genialidad se mantiene intacta aún a 25 años de su muerte.

El narrador de imágenes

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Por Martín Lipszyc

El mexicano Mario Bellatin es sin dudas uno de los escritores contemporáneos más importantes de Latinoamérica, pero lo más interesante es que a pesar del respeto que ha logrado de “La Academia“, mantiene su status de “escitor extraño”.

Bellatin ha publicado más de 15 libros y siempre que un texto suyo llega a mis manos, me encuentro a mí mismo inquiriendo: “Puede ser verdad lo que dice, ahora… ¿será cierto?”. Ojo, no es un escritor de ciencia ficción, al contrario: se ubica en realidades cotidianas, que pueden llegar a parecer casi mínimas, y desde allí construye relatos sólidos.

El tema de la verosimilitud además está conjugado con un uso fantástico de las palabras. Su capacidad deescriptiva es abrumadora, y tal vez sea parte de la herencia que le dejó haberse dedicado al mundo del cine en sus años mozos. Hay incluso una declaración suya en la que intenta desligarse del género literario “duro”: “Yo no sé si hago literatura, lo único concreto y real, lo único que sé es que yo me siento y escribo“.

En la Argentina acaba de editarse un nuevo texto suyo, Los fantasmas del masajista (Eterna Cadencia Editora). Es un relato breve que parte de un paciente que narra sus visitas a un centro de rehabilitación para personas amputadas en San Pablo (ah, lo olvidaba: Bellatin carece de brazo derecho, como podrán ver en la foto), para luego terminar centrándose en la vida de su masajista y la relación que éste ha mantenido con su madre ya muerta.

Lo genial y “bellatinesco”, si se admitiese la categoría, es que luego de que la historia esté contada en palabras, hay una selección de fotos a través de las cuales el autor quiso re-narrar los sucesos.

Leer a Mario Bellatin no sólo es un placer intelectual, sino un desafío extra-literario más que recomendable entre tanta chatura que se publica.

No juzgarás

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Por Martín Lipszyc

Hay momentos en que uno puede lograr cierta conexión con una obra de arte, sea cual fuere el ámbito a la que pertenezca. Ahora, cuando ese nexo despierta nuestra propia incredulidad y nos sorprende, la sensación es absolutamente fantástica.

Algo así me sucedió con la genial novela de Carlos Busqued Bajo este sol tremendo (Ed. Anagrama): el escritor se mueve en un lenguaje tan sutil y neutro pero a la vez seductor, que logra que al lector le caigan simpáticos hasta los personajes más siniestros que uno pueda imaginar. ¿Acaso alguien sonreiría en primera instancia ante un secuestrador fanático de la pornografía sádica? ¿O ante un vago que es capaz de permitir que las atrocidades más tremendas sucedan delante de sus ojos y no haga nada al respecto más que prenderse otro porro?… es la magia de Busqued.

Bajo este sol tremendo cuenta la historia que enlaza la vida de tres personajes construidos con un tino de escultor: Por un lado está Cetarti, un joven que debe desplazarse desde su casa en Córdoba hacia Chaco por el asesinato en esa provincia de su madre y su medio hermano; también está Duarte, ex mejor amigo del asesino (que se suicidó tras los crímenes), y encargado de ordenar la sucesión; y por último Danielito, patiño de Duarte e hijo del homicida.

Las tres vidas se van conectando, primero por el viaje de Cetarti a Chaco, después por toda la complejidad por el cobro de la herencia, más tarde por una visita que Duarte y Danielito deberán hacer a Córdoba. Y todo el tiempo prima el manejo neutral de Busqued: no hay juicio de valor ni tampoco moralinas, es un relato expositivo en donde golpear a otro hasta dejarlo inconsciente puede parecer tan normal como andar en bicicleta.

Bajo este sol tremendo es el debut de Carlos Busqued (Chaco, 1970) en la novela, y recibió una distinción especial en la entrega del último Premio Herralde de Novela, en 2008.

Una realidad peligrosa

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Por Martín Lipszyc

El último libro de Sergio Bizzio, Realidad, es sobre todo una advertencia. El autor enfoca el relato ficcional en lo que el poder mediático puede lograr, y claramente percibe una luz amarilla en la sociedad que cada vez más está a punto de ser roja.

Realidad (Editorial Mondadori) cuenta la historia de un comando terrorista que toma por asalto un canal de televisión con el objetivo de canjear rehenes por un detenido. La particularidad del operativo es que por casualidad controlan la emisora que está transmitiendo el popularísimo programa “Gran Hermano“.

La singularidad de la situación hace que finalmente haya dos tipos de cautivos: por un lado, los “directos”, como son los trabajadores técnicos y administrativos del canal; por el otro, los “indirectos”, es decir, los participantes del reality show. La organización nota la capacidad de manipulación que pueden tener sobre los habitantes de la casa desde el personaje del Gran Hermano, y cómo ellos pueden ser un medio para hacer llegar su mensaje a los televidentes.

Más allá de la resolución del conflicto, lo que Bizzio propone es desplegar sobre la mesa de discusiones hasta qué punto estan dispuestos los hombres a llegar para alcanzar eso que llamamos “fama”. Los terroristas logran que quienes compiten en el programa se humillen, ante la promesa de convertirse en ganadores.

La pregunta es: ¿Qué tan lejos estamos de esta presunta ficción?

Sergio Bizzio ha abarcado casi todos los géneros literarios, desde la poesía hasta los guiones tanto de películas como de obras de teatro. Además, es director de cine, y este año estrenará un nuevo film que se titulará No fumar es un vicio como cualquier otro.

Un poco de luz

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Hay libros que se convierten en guías para la vida porque su propósito es justamente ese, el de “ordenar” el andar de quien lo lea. Pero hay otros que llegan al mismo resultado por todo lo contrario: leerlos nos invita a pensar sobre nuestro vivir y la propuesta pasa a ser el replantearse y repreguntarse cosas y que uno mismo llegue a sus propias conclusiones. Algo así logra La novela luminosa, de Mario Levrero.

El libro está compuesto de dos partes: por un lado, durante casi 3/4 del texto (450 páginas), el lector es invitado a leer “El diario de la beca“, un repaso de las andanzas del escritor durante el año en el que retomó la tarea de completar “La novela luminosa” financiado por la Fundación Guggenheim. Y sólo el cuarto restante, unas 100 páginas, es lo que ocupa la novela propiamente dicha.

Durante esa primera parte que es el grueso del texto, Levrero se dedica a crear desde la aparente simpleza del “día a día” un compilado de impresiones y observaciones brillantes, que sinceramente impactarán de un modo tan profundo a quien lo lea que el modo que tenga de mirar los sucesos de la vida será modificado por completo. En la segunda parte, el autor apela a una escritura un tanto más profunda y trabajada para analizar temas como la muerte, el temor y las relaciones humanas bajo el eje de lo que él llama “experiencias luminosas”, que son una suerte de situaciones extrasensoriales que rozan el espiritualismo.

Podría parecer exagerado, pero creo que es un libro fundamental para cualquier persona que quiera enriquecer tanto su mente como su ser.

Mario Levrero, cuyo nombre real era Jorge Mario Varlotta, nació en 1940 en Montevideo y murió en esa misma ciudad en 2004. Novelista, ensayista, creador de cruzigramas y juegos de ingenio, guionista de cómics, fue sin dudas una de las plumas más dotadas de Latinoamérica. Por suerte, su genialidad está siendo reconocida cada vez más por estos pagos. Lamentablemente, es una nueva prueba de que reconocemos a los grandes cuando ya no están.

El pincel literario

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Por Martín Lipszyc

Si un escritor tiene otro oficio más allá que el de escribir, sus textos se vuelven inevitablemente más ricos. Es evidente en casos en los que el autor estudió derecho o medicina, y podrá agregarle condimentos a sus personajes que les darán más cuerpo; lo mismo sucede en los casos de historiadores o incluso matemáticos. Pero luego de haber leído algunos libros suyos, creo que John Berger es la prueba viviente de que el mejor maridaje para un escritor es el de la pintura.

Berger, nacido en 1926 en Londres, se formó como pintor en la Central School of Arts, y sin dudas esos estudios artísticos le han dado una herramienta distinguida a la hora de las descripciones. Por suerte para sus lectores en español, son cada vez más las ediciones traducidas a nuestro idioma, y en esta ocasión quiero destacar la reciente publicación de Un hombre afortunado.

Corría el año 1967 y Berger se juntó con el fotógrafo Jean Mohr para acompañar a John Sassall, que ejercía la medicina en un pueblo prácticamente perdido en el mapa de Inglaterra. Un hombre afortunado es la cobertura de esa situación tanto en fotos como en textos, una especie de ensayo documental sobre la vida de quien decide dedicar su tiempo a la salud de otros, en un contexto en el que el médico es mucho más que aquel que cuida el cuerpo de los hombres y pasa a ser el confidente, el consejero, el escucha…

En el libro, Berger expone también sus reflexiones, sus impresiones de la relación médico-paciente donde la confianza y el afecto pueden ser aun más importantes que un bisturí.

De yapa, me permito recomendarles los textos de ficción de Berger, en particular la llamada trilogía “De sus fatigas“, compuesta por Puerca Tierra, Una vez en Europa y Lila y Flag.

Lo hizo de nuevo!

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Por Martín Lipszyc

Cada vez que un autor que nos gusta mucho publica un libro, nos ponemos en una postura extraña a la que yo llamaría de “jueces temerosos“. Por un lado, sabemos que el escritor se está jugando una difícil parada, está rindiendo un examen, una revalidación del título, y nosotros recibimos su trabajo en esa pose mencionada de evaluadores. Ahora bien, también hay una especie de miedo relativo: ¿Y si ese relator que tanto nos fascina finalmente decae en su nivel?

Por suerte, nada de eso le pasó a quien es para mí el mejor escritor vivo hoy en día, el japonés Haruki Murakami.

Recientemente publicada en español, After Dark es la última novela del escritor nacido en Kioto en 1949.  Allí, al igual que en sus anteriores trabajos, se conjugan distintas historias que vinculan de un modo extraño los límites entre la realidad terrenal y ciertas vivencias supraterrenales que, dentro del pacto ficcional, funcionan a la perfección.

La protagonista de este relato de tres aristas ambientado en Japón es Mari, una estudiante de chino de 19 años que comienza una aventura de manera imprevista, mientras espera en un café a que amanezca para tomarse el tren de regreso a su casa. Allí se reencontrará con Takahashi, un joven conocido de su hermana a quien vio en el pasado, pero con quien no tiene relación alguna. Y mediante este nexo que nacerá en la noche se sucederán otras historias aparentemente desconectadas entre sí, pero que irán entrelazándose para sorprender y atrapar al lector.

Lo fantástico de Murakami es su estilo narrativo. El modo en que se detiene en descripciones que en principio parecerían intrascendentes o cómo le da importancia a cuestiones reflexivas o incluso físicas de sus protagonistas nos hacen ingresar en las vidas de los personajes de un modo en que ningún escritor “occidental” logra, si bien es cierto que este japonés hace tiempo que está afincado en Estados Unidos.

A pesar de mis temores iniciales, con After Dark Murakami retuvo el título que de un modo personal le adjudiqué. Y creo que es una de las grandes satisfacciones literarias que tuve en este año.

Ya que está la excusa de los regalos de diciembre, para aquel que no haya leído nada de Murakami, le recomiendo que aproveche la temporada y comience por el que tal vez sea su texto más famoso, Tokio Blues.

Y si alguno ya ingresó y se quedó sólo en ese primer paso, confíe en mí: Kafka en la orilla es simplemente genial.