Ante la nada

Por Martín Lipszyc
No hay persona que escape al enfrentamiento con la Nada. Ese vacío interno, la angustia existencial tan abarcada por pensadores como Heidegger o Nietzsche, es un lugar en el que todos recaemos alguna vez. Hablando hace un tiempo con un amigo me lo explicaba sin grandilocuencias filosóficas: “Me siento como una tarde gris de domingo“.
No se porqué, pero irremediablemente se asocia a este estado interior con la adolescencia. Es evidente que durante esa etapa de la vida uno va forjando su identidad y se hace planteos que antes no lograba ver y que después, tal vez, prefiera evitar.
Hubo un autor rumano difundido en reductos intelectualoides (de esos que disfrutan el no compartir textos por creerse en un presunto olimpo cerebral) del que acaban de reeditarse algunos textos al español. Me refiero a Emil Michel Cioran. Recientemente Editorial Tusquets lanzó en la Argentina el que fuera el primer libro de este autor, “En las cimas de la desesperación“, un compendio de aforismos de este ¿poeta? ¿filósofo? ¿importan los títulos?
Cioran aborda allí los temas que lo acompañarán a lo largo de toda su carrera: el presentarse ante la muerte, el planteo acerca del sentido de la vida, el pesimismo como eje. Sin embargo, conviene abordarlo raspando un poco la superficie un tanto negativista de la primera impresión. Cioran lo explica desde el prefacio al texto: “De no haber escrito este libro, me hubiera suicidado“. Es decir, los escritos reflejan la manifestación del ser que pretendería abandonar esta vida, pero que choca con su propia contradicción de mantenerse vivo. Mayor expresividad no podría exigírsele a un libro.
Cioran nació en Transilvania, pero su carrera fue difundida en París, lugar en donde murió hace relativamente poco, en 1995. Toda una ironía esto de vivir 84 años para un suicida en potencia. ¿Habrá sido la escritura lo que lo mantuvo en pie?
Retomando un poco lo comentado al principio, esta temática suele asociarse a la juventud. Es preciso destacar que “En las cimas de la desesperación” se publicó originalmente en 1933, cuando Cioran tenía sólo 22 años, y la mayor parte de esos escritos habían sido producido bastante antes. Pero aclaro que no todo está teñido por esta suerte de nihilismo poético. Rescato uno de los tantos aforismos que sirven como planteo motorizador del vivir:
Homo…
El ser humano debería dejar de ser -o de intentar serlo- un animal racional. Más le valdría transformarse en un ser insensato que lo arriesgase todo en cada instante -un ser capaz de exaltaciones y de fantasías peligrosas, que podría morir tanto a causa de todo lo que ofrece la vida como de todo lo que no ofrece. El ideal de cada hombre debería dejar de ser hombre. Y eso sólo puede lograrse mediante el triunfo de la arbitrariedad absoluta.
