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Por Martín Lipszyc
No parece descabellado pensar en sorprender al lector cuando una historia cruza la barrera de la verosimilitud. Los textos de ciencia ficción tienen licencias mucho más flexibles que aquellos que buscan mantenerse dentro de los parámetros de la realidad. Sin embargo, son los de éste último tipo de escritos los que, cuando están compuestos de manera sólida, más me deslumbran. Algo así sucede con los cuentos que integran el libro “Los estantes vacíos“, del escritor Ignacio Molina.
Molina le dedica su tiempo y minuciosidad a las historias mínimas. No sé si será porque él arribó a la Capital proveniente de Bahía Blanca, pero es muy interesante ver cómo sus descripciones se centran en cuestiones que tal vez quienes están acostumbrados al bullicio porteño pueden llegar a dejar de lado.
Molina, nacido en 1976, es parte del colectivo de escritores “El Quinteto de la Muerte“, y suele leer en público sus textos. De hecho, fue en una de esas lecturas que me enteré de que está a punto de editar su primera novela, que se llamará “Los modos de ganarse la vida“.
Para quienes quieran seguirle los pasos, pueden visitar su blog haciendo click aquí.
A modo de despedida, seleccioné un párrafo del cuento que abre el libro, Kilómetro Cero, en donde creo que queda claro a qué me refiero con su gran capacidad descriptiva. La conjugación de imágenes y sonidos es, sencillamente, genial:
“…Desde afuera me llegaban ladridos y una melodía cantada en un idioma que no lograba reconocer. Después de unos minutos me acerqué a la ventana y me puse a mirar, alternadamente, al paraguayo que vivía al fondo del pasillo, que tomaba mate en el patio de la planta baja y hablaba con su perro en guaraní, y al empapelado violeta de la pieza, manchado por la humedad de las paredes y ensombrecido por la caída de la tarde…”.
Escrito el 05/12/08 por Martin
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Por Martín Lipszyc
Hay una frase que lamentablemente puede aplicarse a muchos escritores: “hazte la fama y échate a dormir“. Esto no implica que los textos que produzca ese autor sean necesariamente malos, sino que ocurre que, al lograr cierto estilo, se repiten y no logran sorprender nuevamente a los lectores. Algo así le sucedió al escocés Irvine Welsh, de quien acaba de lanzarse al mercado en español su última novela, Secretos de alcoba de los grandes chefs.
Welsh saltó a la fama con su debut de 1993 Trainspotting, un libro que se convirtió en punta de lanza de una generación que a fines de los ‘80 y principios de los ‘90 refrescó los tópicos del alcohol, el sexo y las drogas que parecían condenados a quedar estancados con la vieja generación beat. Claro que una vez que se alcanza el cenit con un primer libro tan importante, es lógica la caída…
Secretos de alcoba de los grandes chefs relata de un modo tangencial el mundo de la gastronomía, para luego adentrarse en el ámbito del punk, las drogas, el alcohol y el sexo en Edimburgo. Cuenta la historia de dos personas que trabajan en el departamento de Sanidad de la capital escocesa y que se dedican particularmente a inspeccionar las cocinas de los restaurantes.
Danny Skinner, un borracho empedernido que disfruta muchísimo de las drogas y las mujeres, de un día para el otro se ve amenazado en la oficina porque comienza a trabajar Brian Kibby, un santito, abstemio, que podría quedarse con su empleo soñado. Temeroso de esto, en medio de un trance alcohólico, Skinner desea con todas sus fuerzas que todo lo que él debería sufrir por sus excesos lo pague el cuerpo de Kibby: entonces, cada vez que él vaya a los bares, que al otro día sea Kibby el que se levante con resaca. Imaginablemente, el deseo se cumple, y al mejor estilo Dorian Gray, Kibby, cual retrato, paga las consecuencias de los desmanes de Skinner. Claro que esto que parece ser un placer, terminará en el clásico “ten cuidado con lo que anhelas…”.
Paralelamente, en esta novela de más de 500 páginas, otro tópico importante es el de la paternidad: el padre de Kibby murió de una enfermedad muy extraña, en tanto que Danny Skinner emprende la búsqueda de su propio progenitor, que abandonó a su madre cuando él era muy chico, y de quien sólo sabe que era un punkie con cierta relación con el mundo gastronómico escocés.
La novela es interesante por algunos enfoques, pero resulta demasiado larga e incluso hay fragmentos repetitivos, en donde Welsh explica demasiadas veces cuestiones que el lector ya sabe de antes.
Escrito el 28/11/08 por Martin
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Este sábado se realizará la 5ta edición de La Noche de Los Museos.
Como lo indica su nombre, es un evento que incluye a 120 museos y espacios de arte privados y públicos que desde las 19.00 hrs. hasta las 2 de la mañana del domingo podrán ser visitados de forma gratuita.
El plan incluye visitas guiadas a cada institución, en algunos va a haber música en vivo, en otros habrá espectáculos teatrales, en otros charlas, y así distintas propuestas.
Se sumaron más líneas de colectivos que trasladarán gratuitamente al público por la ciudad. Las líneas son 29, 64, 78, 80, 87, 92, 100, 111, 127, 130 y 134.
OJO: para esto es necesario que IMPRIMAN el pase libre que se consigue en www.lanochedelosmuseos.com.ar
Además de las distintas propuestas en cada sede, habrá un evento central: será la proyección de la película Metrópolis (1927) de Fritz Lang, con acompañamiento musical en vivo de la National Film Chamber Orchestra, integrada por Fernando Kabusacki (guitarra), Juan Carlos “Mono” Fontana (teclados), Fernando Samalea (percusión) y Matías Mango (teclados). Esto será frente al Centro de Museos de Buenos Aires, sede de la Dirección General de Museos, en Av. de los Italianos 851, Puerto Madero.
A continuación habrá un cierre con: DJ Ale Kingston & Simon, VJ Carla Lucarella, DJ Javier Zuker, VJ Santiago Idelson, Chancha Vía Circuito, VJ Lucas DM, DJ Daleduro, VJ Soldelrio.
Escrito el 14/11/08 por Martin