Tag: Literatura

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Grandes historias mínimas

Por Martín Lipszyc

 

No parece descabellado pensar en sorprender al lector cuando una historia cruza la barrera de la verosimilitud. Los textos de ciencia ficción tienen licencias mucho más flexibles que aquellos que buscan mantenerse dentro de los parámetros de la realidad. Sin embargo, son los de éste último tipo de escritos los que, cuando están compuestos de manera sólida, más me deslumbran. Algo así sucede con los cuentos que integran el libro “Los estantes vacíos“, del escritor Ignacio Molina.

Molina le dedica su tiempo y minuciosidad a las historias mínimas. No sé si será porque él arribó a la Capital proveniente de Bahía Blanca, pero es muy interesante ver cómo sus descripciones se centran en cuestiones que tal vez quienes están acostumbrados al bullicio porteño pueden llegar a dejar de lado.

Molina, nacido en 1976, es parte del colectivo de escritores “El Quinteto de la Muerte“, y suele leer en público sus textos. De hecho, fue en una de esas lecturas que me enteré de que está a punto de editar su primera novela, que se llamará “Los modos de ganarse la vida“.

Para quienes quieran seguirle los pasos, pueden visitar su blog haciendo click aquí.

A modo de despedida, seleccioné un párrafo del cuento que abre el libro, Kilómetro Cero, en donde creo que queda claro a qué me refiero con su gran capacidad descriptiva. La conjugación de imágenes y sonidos es, sencillamente, genial:

“…Desde afuera me llegaban ladridos y una melodía cantada en un idioma que no lograba reconocer. Después de unos minutos me acerqué a la ventana y me puse a mirar, alternadamente, al paraguayo que vivía al fondo del pasillo, que tomaba mate en el patio de la planta baja y hablaba con su perro en guaraní, y al empapelado violeta de la pieza, manchado por la humedad de las paredes y ensombrecido por la caída de la tarde…”.

Escrito el 05/12/08, por Martin. Dejá un comentario.
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¿Literatura minuto a minuto?

por Martín Lipszyc

Por lo general no veo televisión abierta. Lejos de ser una pose intelectualoide, lo cierto es que se me complica tener que estar atado a algún horario rígido. Mi relación con la TV local es a través de los periodísticos semanales de los canales de cable como TN o América 24. Sí he hecho zapping y la verdad es que los programas argentinos no me entusiasman mucho. Sin embargo me alegré en cuanto me enteré de que “Los exitosos Pells” habían vencido en audiencia a “Showmatch“. Esto nada tiene que ver con lo que piense del programa de Tinelli, sino que apunta a que los espectadores están retomando su relación con las series. Y esto es básicamente porque los guiones han evolucionado.

Recuerdo algunos capítulos sueltos de “La Lola” o de la más reciente “Todos contra Juan“: si bien están lejos de la calidad narrativa de las series estadounidenses -eso sí me encanta: el DVD me ha hecho conocer The Sopranos, de lo mejor que he visto-, evidentemente hay un trabajo más craneal en los guionistas.

En la edición del 5 de octubre de la revista semanal del diario español El País, escritores de la talla de Juan José Millás o Carlos Ruiz Zafón evaluaban que “Las series de tv son en el Siglo XXI lo que fue la gran novela del siglo XIX” y que “si Shakespeare o Dumas vivieran hoy, estarían escribiendo guiones para la televisión“. 

Está claro que es una tendencia mundial: la caja es cada vez menos boba, y eso se logra sólo si hay una exigencia por parte del público.

Sería muy saludable que para lograr 20 puntos de rating no sea obligatorio incluir un baile del caño.

Escrito el 21/11/08, por Martin. Dejá un comentario.
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Buenos Aires será sede de una Fiesta Literaria!

El próximo miércoles 12 de noviembre comienza en Buenos Aires el primer Festival Internacional de Literatura de esta Ciudad (FILBA).

Según explicaron los organizadores, la idea es que sea una cita bianual dedicada a la literatura contemporánea, con el objetivo de reunir y acercar al público local con escritores, pensadores y artistas consagrados y emergentes de diversas partes del mundo.

Serán 5 días, hasta el domingo 16, con visitas extraordinarias, destacándose por sobre todas ellas la presencia en la apertura del filósofo italiano Gianni Vattimo -foto-.

El “Cuartel General” del Festival será la sede del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), ubicado en Av. Figueroa Alcorta 3415. Las entradas tendrán un valor de $12 (20 % de descuento a jubilados y estudiantes con credenciales) y pueden adquirirse tanto en el MALBA como en la librería Eterna Cadencia, en Honduras 5582.

Como sobre gustos está todo dicho, me permito remarcar aquí algunas de las charlas y lecturas que me parecen interesantes como para recomendar:

1. Miércoles 12 de noviembre - 19.00 hrs. - Apertura con la conferencia “Interpretación, diálogo, dominio“, a cargo de Gianni Vattimo (Para esta actividad, la entrada es gratuita y se debe retirar en el Museo).

2. Jueves 13 de noviembre - 19.30 hrs. - Panel: “Viajar, perder países“, con Santiago Roncagliolo, Andrés Neuman y Daniel Alarcón.

3. Viernes 14 de noviembre - 19.30 hrs. - Diálogo I: “La crítica y el ensayo“, con Beatriz Sarlo y Martín Prieto.

4. Sábado 15 de noviembre - 14.30 hrs. - Panel: “La crónica, periodismo portátil de autor“, con Juan Villoro y María Moreno.

5. Domingo 16 de noviembre - 18.00 hrs. - Panel Hacia Roberto Bolaño: “El escritor insufrible“, con Alan Pauls, Juan Villoro y Horacio Castellanos Moya.

6. Domingo 16 de noviembre - 21.00 hrs. - Performance: “Muñecos puestos frente al mar“, con Mario Bellatin.

Para encontrar toda la información necesaria, hagan click aquí!

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Nobel 2008: Un tal Le Clézio…

La última entrega del Premio Nobel de Literatura al francés Jean-Marie Gustave Le Clézio pone a los lectores hispano-parlantes en una encrucijada: ¿Debemos entristecernos porque su basta obra no se consigue en su totalidad en español o, por el contrario, debemos alegrarnos porque ello implica que el Planeta intelectual tiene infinidad de vetas por descubrir?

Sinceramente, ninguna de las personas leídas a las que les consulté por Le Clézio supo contarme en concreto sobre el autor. Evidentemente, y gracias a Wikipedia y otros medios, uno puede hoy en cuestión de minutos enterarse de vida y obra de prácticamente cualquiera.

Sin embargo, la falta de información “a la mano” de este autor me afectó de una manera “humillantemente positiva“: deja la esperanza de que a todos nos queda mucho por descubrir, nos impregna de esa sensación negativamente alentadora de saber que hay un universo de textos por conocer, de autores por encontrar, de frases por investigar… Es sólo cuestión de ser un poco más intrépidos a la hora de aventurarse en el universo literario.

Porque queda claro que las joyas están ahí, y sólo es cuestión de animarse a surcar mares desconocidos.

Escrito el 10/10/08, por Martin. Dejá un comentario.
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Literatura: John Fante, el genio que nos llegó tarde

Es muy común en el universo artístico que algún protagonista logre prestigio después de su muerte. Algunos los llamarán “adelantados” y otros “incomprendidos”, pero lo cierto es que por lo general, estos tapados suelen saltar a la fama sólo si un colega importante les reconoce su tarea.

Algo así le pasó a John Fante.

Fante (Colorado, 1909) murió en 1983 luego de haber escrito un puñado de novelas que pasaron sin pena ni gloria y se dedicó sobre el final de su vida a escribir guiones de Hollywood. No fue sino hasta que Charles Bukowski admitiera públicamente “Fante fue mi Dios” que se re-editaron todos sus escritos y ahí sí llegó a la masividad (al punto de recibir post-mortem el premio PEN por sus escritos en 1987).

Y hablando de John Fante, llegó la versión en español de su novela Llenos de Vida, de 1952.

Este texto marcó un quiebre para el escritor: por un lado, aquí abandona al personaje Arturo Bandini -alter ego y protagonista en 4 novelas- y escribe como él mismo; por otra parte, luego de este libro, Fante se dedicaría exclusivamente a los guiones por más de 20 años.

Aquí, el propio Fante debe lidiar con 3 temas: la familia -su mujer está embarazada y él emprende un viaje retornando a lo de sus padres por un problema en su casa-, el aburguesamiento -tras años de luchar como escritor finalmente logra un trabajo estable, irónicamente en Hollywood- y la religión -encara de un modo ácido el resurgmiento del catolicismo en la década del ‘50 en Estados Unidos-.

A pesar de estar en primera persona, hay una mezcla de ficción y realidad, todo llevado magistralmente, en una novela que demuestra cómo la simpleza puede ser el arte más complejo.

Llenos de vida es sin dudas una de las joyas que este año llegan para engordar las bibliotecas porteñas.

Escrito el 03/10/08, por Martin. Dejá un comentario.
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Lo nuevo de Paul Auster

 

Paul Auster (Nueva Jersey, 1947) es uno de los pocos escritores que en la actualidad pueden hacer coincidir ventas masivas de libros con prestigio en el mundo intelectual: el hecho de ser un best-seller no le ha impedido recibir múltiples galardones, entre ellos el Príncipe de Asturias a las Letras en 2006.

Acaba de editarse en español su última novela, “Un hombre en la Oscuridad“, en donde el autor recurre nuevamente a un tópico que ya es clásico en él, como es el de la mezcla entre mundos reales y ficticios, y la eliminación de la frontera entre ambos.

En este caso el protagonista es August Brill, un prestigioso escritor septuagenario que, para calmar sus dificultades para dormir, se inventa historias todas las noches. El problema es que en su última creación él mismo es protagonista, y no solo esto, sino que otro personaje de sus sueños tiene la misión de asesinarlo.

Paralelamente, en la vida real (aunque no queda claro a qué llamamos “realidad” en este libro), August convive con su hija y su nieta, ambas marcadas por la tragedia -por el abandono y la muerte de sus respectivas parejas-.

El texto deja como mensaje la importancia y prácticamente la incondicionalidad de la familia. Resulta muy atrapante sobre todo al principio, además de que el ser ágil de leer lo hace muy llevadero.

Como recomendación personal, si aún no ingresaron en el “mundo Auster“, les recomiendo un primer acercanuebti con El Libro de Las Ilusiones.

Y de yapa, aquí les dejo un video de Auster en una de las lecturas públicas de Un hombre en la Oscuridad:

Escrito el 19/09/08, por Martin. Hay 3 comentarios.
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Ganarle al cine

No conozco ninguna película que pueda superar en calidad al libro en que esté basada. Es por eso que, siempre que se pueda, es recomendable leer las novelas antes de que sean adaptadas a la pantalla gigante. Todo esto no es más que una introducción para recomendar una lectura.

Se reeditó en la Argentina el inhallable libro de Chuck PalahniukAsfixia“. Palahniuk ganó fama mundial después de que su novela “El Club de la Pelea“ fuera llevada al cine (protagonizada por Brad Pitt y Edward Norton). Lo cierto es que su estilo de escritura es genial y justamente “Asfixia” fue su primer éxito literario -si bien “El Club de la Pelea” lo escribió antes, no fue best-seller sino hasta que llegó al cine-.

En Asfixia, Palahniuk mezcla historias de violencia, sexo, adicciones y paranoias con su singular sentido del humor y con un uso del lenguaje envidiable.

Hay que aprovechar: la película ya está filmada y se va a estrenar el año que viene!

Escrito el 03/09/08, por Martin. Hay 2 comentarios.
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Leer sin cronometrar

Una vez me dijeron que todo es posible llevarlo hacia una zona matemática: nada escapa a la numeración. Ni siquiera la literatura. Pensé en esto cuando, hace algunos años, distintos medios de comunicación comenzaron a publicar el “tiempo de lectura estimado” para las notas. Este coeficiente nacía de una cuenta que no recuerdo exactamente en este momento pero que calculaba la relación entre la capacidad de comprensión de las palabras y la habilidad para retener su significado.

Pero hace muy poco caí en la cuenta de que “contabilizar la lectura” es un acto cruel e injusto: ¿Cómo estimar el impacto que un párrafo puede tener en nosotros?

Ya al leer la novela La Carretera, de Cormac McCarthy, había sentido que la intensidad no puede medirse: es un libro corto pero que, por el impacto que generaba en mí, no me permitía avanzar de a más de veinte páginas por día.

Había olvidado esa sensación hasta que, hace unos pocos días, me topé con Tsugumi, la última novela traducida al español de la escritora japonesa Banana Yoshimoto.

Espero no caer en el cliché de considerar los textos orientales como “más reflexivos”, pero lo cierto es que el uso que hace esta autora de cada descripción le hace pensar al lector que la elección de las palabras no es azarosa. Las frases parecen caer en su justo lugar, por más que la historia en sí sea sencilla. Así, la referencia a un atardecer en las costas japonesas se convierte en un disfrute que vale la pena releer dos o tres veces. ¿Cómo calcular ese “tiempo de lectura” en estos casos? Sería faltarle el respeto a quien pensó cada punto y cada coma.

De yapa, les dejo un párrafo de Tsugumi, de Banana Yoshimoto:

“(…) El sol refulgía, muy alto, y envolvía en un resplandor blanco toda la playa. El mar, en calma chicha, parecía un lago y mi padre se fue adentrando sin dejar de gritar, igual que un niño, que el agua estaba muy fría. Parecía que, en vez de avanzar por sus propios medios, se dejara llevar por el mar hacia el horizonte. Aquella inmensidad azul no tardó en engullir su figura. Me levanté y me metí en el agua, decidida a alcanzarlo. me encanta ese momento en que la piel comienza a tolerar la temperatura de un agua de la que, al meterse, cualquiera habría salido corriendo. Alcé la cabeza y vi brillar sobre el azul del cielo el intenso verde de las montañas que rodeaban la bahía. Un verde que, al reflejarse en el mar, era aún más intenso. (…)”

Escrito el 06/08/08, por Martin. Hay 2 comentarios.
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El tiempo (según Lewis Carroll)

Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll estaba en mi biblioteca infantil, en una edición amarilla de la colección Robin Hood. Cuando era chica, me enojó la falta de sentido de esta historia en la que se celebraban los no-cumpleaños y un grupo de personas vivía detenida en el tiempo. Por suerte, el libro volvió a mis manos muchos años más tarde, ahora lleno de nuevos sentidos.

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En el capítulo Un té de locos, Alicia intenta mantener una conversación lógica sobre el Tiempo.

-Si conociese el Tiempo como yo lo conozco -dijo el Sombrerero- no hablaría de matarlo.

-No entiendo que quiere decir.

-¡Claro que no lo entiende! Y apostaría también que nunca le habló al Tiempo.

-Quizá no -contestó Alicia con mucho cuidado -; pero sé que tengo que marcar el tiempo si quiero aprender música.

-¡Ah! Esa es la razón -dijo el Sombrerero-. El Tiempo no quiere que lo marquen. Si usted buscara su amistad, haría con el reloj todo lo que a usted se le antojase. Por ejemplo, supongamos que sean las nueve de la mañana, justo a la hora de empezar las lecciones. Con sólo decirle al Tiempo una o dos palabras al oído, las agujas corren como una exhalación. ¡Una y media! La hora de comer.

-Eso sería estupendo -manifestó Alicia, pensativa -; pero entonces…., yo no tendría hambre.

-De momento no -replicó el Sombrerero -; pero podría hacer que la misma hora siguiese hasta cuando usted quisiera.

-¿Es así como usted se arregla?- preguntó Alicia.

-No, yo no -replicó-. El Tiempo y yo reñimos este último marzo, antes de qué éste enloqueciese -y señaló a la Liebre-. Fue en el gran concierto ofrecido por la Reina de Corazones (…) No había hecho más que comlcuir la primera estrofa, cuando la reina rugió: “¡Está matando el Tiempo! Que lo degüellen…”

-¡Qué salvajismo! -excalmó Alicia.

-Y desde entonces -siguió el Sombrerero apesadumbrado -no hace nada que yo le pida. Siempre son las seis.

Podés descargar y leer la edición en inglés completa en Proyecto Gutenberg.

Escrito el 13/04/08, por Maria. Hay 1 comentario.
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El tiempo (según Julio Cortázar)

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Para leer un domingo de otoño:

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

En Historias de Cronopios y de Famas (1962)

Escrito el 06/04/08, por Maria. Hay 1 comentario.
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