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Por Martín Lipszyc
Nadie, ni siquiera el escritor más destacado, nace sabiendo. Los estilos deben irse puliendo, la práctica hace que los autores mejoren, o al menos sean más auténticos con ellos mismos (a uno puede gustarle más el debut de alguien, pero por lo general su última obra será la que más tenga que ver con un sello personal).
Lo cierto es que muy pocas veces los lectores tenemos oportunidad de ver la evolución de nuestros escritores favoritos, a menos que suceda lo que ocurrió recientemente con la publicación de los primeros artículos periodísticos del fantástico Ernest Hemingway, reunidos en el libro “Publicado en Toronto” (Editorial DEBOLS!LLO).
Para que comprendamos: la primera novela de Hemingway fue The sun also rises, de 1926; pero entre 1920 y 1924 trabajó para los periódicos canadienses The Toronto Star Weekly y The Toronto Daily Star como redactor, y justamente este libro se encarga de esas pequeñas notas firmadas por el autor.
Como dice Rodrigo Fresán en el prólogo de Publicado en Toronto, “…he aquí a un Hemingway primerizo, aprendiz, recién hecho; pero que ya tiene absolutamente claro por dónde pasarán las coordenadas de su inminente e inevitable leyenda…”.
Yendo a lo estrictamente literario, el Hemingway novelista es muy superior al que redacta los primeros artículos, pero justamente eso es lo que hace a este libro interesante. Es una oportunidad de leer la evolución real del estilo (ya que por suerte las notas están editadas cronológicamente), y poder así entender más sobre uno de los más grandes escritores del siglo XX… ¿O acaso alguien cree que Cervantes se levantó un día y comenzó a escribir El Quijote?
Escrito el 27/02/09 por Martin
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Por Martín Lipszyc
Cada vez que un autor que nos gusta mucho publica un libro, nos ponemos en una postura extraña a la que yo llamaría de “jueces temerosos“. Por un lado, sabemos que el escritor se está jugando una difícil parada, está rindiendo un examen, una revalidación del título, y nosotros recibimos su trabajo en esa pose mencionada de evaluadores. Ahora bien, también hay una especie de miedo relativo: ¿Y si ese relator que tanto nos fascina finalmente decae en su nivel?
Por suerte, nada de eso le pasó a quien es para mí el mejor escritor vivo hoy en día, el japonés Haruki Murakami.
Recientemente publicada en español, After Dark es la última novela del escritor nacido en Kioto en 1949. Allí, al igual que en sus anteriores trabajos, se conjugan distintas historias que vinculan de un modo extraño los límites entre la realidad terrenal y ciertas vivencias supraterrenales que, dentro del pacto ficcional, funcionan a la perfección.
La protagonista de este relato de tres aristas ambientado en Japón es Mari, una estudiante de chino de 19 años que comienza una aventura de manera imprevista, mientras espera en un café a que amanezca para tomarse el tren de regreso a su casa. Allí se reencontrará con Takahashi, un joven conocido de su hermana a quien vio en el pasado, pero con quien no tiene relación alguna. Y mediante este nexo que nacerá en la noche se sucederán otras historias aparentemente desconectadas entre sí, pero que irán entrelazándose para sorprender y atrapar al lector.
Lo fantástico de Murakami es su estilo narrativo. El modo en que se detiene en descripciones que en principio parecerían intrascendentes o cómo le da importancia a cuestiones reflexivas o incluso físicas de sus protagonistas nos hacen ingresar en las vidas de los personajes de un modo en que ningún escritor “occidental” logra, si bien es cierto que este japonés hace tiempo que está afincado en Estados Unidos.
A pesar de mis temores iniciales, con After Dark Murakami retuvo el título que de un modo personal le adjudiqué. Y creo que es una de las grandes satisfacciones literarias que tuve en este año.
Ya que está la excusa de los regalos de diciembre, para aquel que no haya leído nada de Murakami, le recomiendo que aproveche la temporada y comience por el que tal vez sea su texto más famoso, Tokio Blues.
Y si alguno ya ingresó y se quedó sólo en ese primer paso, confíe en mí: Kafka en la orilla es simplemente genial.
Escrito el 26/12/08 por Martin