En defensa de los policiales

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Por Martín Lipszyc

El género policial suele ser menospreciado en primera instancia por muchos autollamados “críticos literarios” que quieren crear barreras elitistas entre los libros y los lectores. Pero lo cierto es que éstas presuntas jerarquías no existen y, en definitiva, si bien un texto de ficción debe invitar a la reflexión y al pensamiento, no menos importante es el condimento del entretenimiento. Rechazo a quienes critican a una novela por generar “simplemente un buen rato”, como si esto fuera tan fácil.

Volvamos: me gustan las historias de detectives. Pero no de esos investigadores que parecen superhéroes, sino todo lo contrario, cuanto más “humano” sea el protagonista mejor. Y en este punto es que la última novela de Ricardo Romero, El síndrome de Rasputín, se destaca por sobre muchas que he leído.

La historia nos sitúa en una Buenos Aires de un futuro no muy lejano, pero sin llegar a ser futurista. El clima predominante es el de las lluvias, que generan así un marco de Ciudad Gris constante. Además, ha habido una serie de ataques durante el Bicentenario, con lo cual la capital de la Argentina está medio devastada y los túneles de las líneas de subte son refugio para muchos habitantes. En esta situación, el joven Lucas Abelev es víctima de un ataque que lo deja en el hospital, pero además se lo acusa de haber asesinado esa misma noche a una persona.

En primera instancia no hay muchas razones ni para que él fuese el blanco de un hecho de violencia, y mucho menos para pensar en él como un asesino. Así es que sus dos amigos más cercanos, Gaspar Maglier y Federico Muishkin, harán lo posible no sólo por limpiar el buen nombre de su compañero que está postrado en un instituto médico, sino también para resolver el misterio del asesino. Mientras tanto, y como en toda buena novela del género, los muertos se van sucediendo.

Destacaba antes el concepto de “humanización”, y no fue casual: La particularidad es que tanto Abelev como Maglier y Muishkin sufren del síndrome de Tourette, es decir, son propensos a adoptar tics. Estos pueden ser de la más amplia variedad, ya sea palabras repetidas, gesticulaciones, sonidos…

La singularidad de estos tres investigadores amateurs hará que la novela tenga ribetes cómicos, lógicamente generados por las dificultades de lidiar con una enfermedad tan visible. Así es que nuestros justicieros deberán luchar también contra sus problemas personales con tal de llegar a la verdad.

El síndrome de Rasputín es la segunda novela de Ricardo Romero (Entre Ríos, 1976), y forma parte de la colección Negro Absoluto, dirigida por el reconocido escritor Juan Sasturain, y dedicada exclusivamente a policiales negros. Romero es además uno de los integrantes del colectivo de escritores El Quinteto de la Muerte y tiene escrita una novela hasta el momento inédita, Perros de la Lluvia.