El avance inevitable

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Por Martín Lipszyc

Por estos días hubo dos noticias interrelacionadas que confirman y refuerzan una tendencia asumida por todos: la digitalización de textos no sólo avanza a pasos agigantados, sino que nada parece poder detener su andar.

Me refiero al lanzamiento del nuevo dispositivo electrónico para leer textos de AmazonKindle” y la masificación del sistema “Scribd” para bajar libros enteros online (una suerte de iTunes de textos).

Antes que nada debo aclarar algo: detesto la tendencia a elevar lo “retro” o el pasado por pura nostalgia, pero realmente siento que hay una gran diferencia entre sostener un libro o un diario y leer ese mismo contenido ante la fría pantalla. (Incluso no puedo dejar de comprender la ironía de escribir al respecto ¡en un blog!)

Es cierto que las editoriales aseguran que el mercado de lectores de “objetos palpables” seguirá inalterable, pero me aterra pensar en el simple hecho de trasladar lo sucedido con la música. ¿Cuántos siguen comprando todos los discos originales? A medida que lo consulto con distintas personas que conozco me doy cuenta de que somos muuuuuy pocos. Y no me estoy refiriendo al ámbito de la piratería, sino a la descarga legal de canciones.

Mientras divagaba al respecto en mi mente, un amigo intentó hacerme ver el vaso medio lleno, sosteniendo que quizá la masividad de los e-books termine con el elitismo de algunos sectores literarios. Internet ha servido para masificar y globalizar conocimientos, y tal vez la posibilidad de tener “a la mano” cualquier texto, acabará por facilitarle material de lectura a muchos que están excluidos porque lo que buscan sencillamente no pueden conseguirlo. Esbocé una sonrisa, pero sólo de compromiso.

Lo que sí realmente me alegró fue escuchar otra noticia, que lamentablemente después fue descartada. Aseguraban que Google iba a comprar el diario New York Times, más que nada en un acto casi filantrópico de uno de sus dueños. Si bien, como dije, este rumor fue rechazado, imagino que hacia allí debería ir cierto tipo de beneficencia: sólo quienes no estén ávidos de dinero y deseen mantener cuestiones relacionadas a la calidad y más que nada estilo de vida de algunos pueden ser los que rescaten a los libros y los diarios en papel.

La pregunta que me queda es muy simple: ¿Seremos muchos los amantes del texto real?