Por Martín Lipszyc
Semanalmente escribo en este blog cuestiones relacionadas a la cultura, sobre todo a la literatura, pero más de una vez me he referido a la música, al cine, al arte en general. Pero el viernes pasado sinceramente no estaba de ánimo como para escribir nada.
¿Cómo escribir sobre arte habiendo perdido a alguien que personificaba su definición?
Seguramente habrá quien no lo sepa, así que aprovecho para comentarles que durante los últimos tres años compartí todas mis mañanas como columnista cultural y político de Fernando Peña en El Parquímetro. Cuando empecé con él tenía 20 años, y para mí se convirtió en un tutor, un guía. Uno puede estar más o menos a favor de lo que él pensaba, sin dudas que yo no estaba de acuerdo con todo lo que él opinaba, pero siempre el disenso fue bajo el paraguas de mi absoluta fidelidad y un cariño total hacia quien, cuando apenas era un pibe, me dio mi gran oportunidad mediática.
Como ya lo he dicho, los mejores momentos, los que más rescato, son los que tuvimos “con la luz roja apagada”, y esos me los guardo para mí.
Esto no es una excusa, sino una explicación.
Hoy retomamos el aire de Metro de 07.00 a 10.00, dando el puntapié a la charla “en público” de lo sucedido, por los que realmente compartimos su vida en este último tiempo. Y habiendo quebrado el famoso silencio de radio, me permito este texto.
Ya el viernes retomaré el ritmo, para escribir sobre los temas a los que solía hacer referencia habitualmente.
Pero no quería dejar pasar la oportunidad de contar un poco lo que pasó, ni tampoco me interesaba volver a postear el viernes como si nada hubiera sucedido.
Aprovecho este espacio además para agradecer a todos los que me han acercado su cariño y su afecto en estos días que han sido tan difíciles.
Sinceramente gracias.