Archivo: Literatura

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Cortázar, el eterno

Por Martín Lipszyc

El anuncio fue hecho con bombos y platillos, pero yo leía las noticias relacionadas al lanzamiento con muchísima desconfianza. “Sale un nuevo libro con textos inéditos de Cortázar“, rezaban los títulos en las secciones culturales de diarios de todo el Planeta.

“¿Inéditos? ¿Para qué?”, me preguntaba. Mi mayor temor era que justamente esa in-edición, si le cabe el término, hubiera sido súmamente meditada, es decir que el propio Julio Cortázar hubiera considerado que esos textos no ameritaban ver la luz pública por diversa cantidad de razones. ¿Y si en esos escritos el genial autor (uno de mis favoritos, sin lugar a dudas) no llegaba al Olimpo que alcanzaba en cada uno de sus párrafos? ¿Podríamos sus fanáticos llegar a conocer a un Cortázar mediocre, una especie de alter-ego gris que el mismo genio hubiera escondido a lo largo de su vida?

Alguno podría decir que la publicación de textos post-mortem es muy pero muy común en el mundo literario. De hecho, uno de los más fantásticos escritores, Franz Kafka llegó a reclamar que quemaran absolutamente todos sus manuscritos, algo que por suerte no fue hecho y fue por ello que nos llegaron esas maravillosas historias. Pero lo cierto es que con Cortázar era diferente: él fue lo suficientemente selectivo como para decir qué quería que viera la luz pública.

Me llegó tranquilidad al saber que su viuda y responsable de la herencia cultural, Aurora Bernárdez, no sólo aprobó la edición de Papeles inesperados (Editorial Alfaguara), sino que también trabajó palmo a palmo con el responsable de la compilación, Carlos Álvarez Garriga. Y, créanme, el libro no tiene desperdicio.

Hay relatos, discursos, ensayos, versiones alternativas a textos publicados, fragmentos extirpados de novelas, narraciones inéditas de historias de cronopios y de famas, artículos sobre arte y literatura… es un festín para el fanático y, quédense tranquilo: Cortázar era tan ”distinto” que eso que no leímos antes y que recién ahora nos llega mantiene el nivel de superlatividad al que nos ha acostumbrado.

Papeles inesperados es una obra fundamental. No debería faltar en las bibliotecas argentinas. No ya de los fanáticos de Cortázar, sino de los que saben disfrutar de la buena literatura, de los giros inesperados en los relatos, de las visiones sorprendentes ante hechos aparentemente mundanos. Cortázar era un genio, y como los más grandes de la historia, su genialidad su genialidad se mantiene intacta aún a 25 años de su muerte.

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El narrador de imágenes

Por Martín Lipszyc

El mexicano Mario Bellatin es sin dudas uno de los escritores contemporáneos más importantes de Latinoamérica, pero lo más interesante es que a pesar del respeto que ha logrado de “La Academia“, mantiene su status de “escitor extraño”.

Bellatin ha publicado más de 15 libros y siempre que un texto suyo llega a mis manos, me encuentro a mí mismo inquiriendo: “Puede ser verdad lo que dice, ahora… ¿será cierto?”. Ojo, no es un escritor de ciencia ficción, al contrario: se ubica en realidades cotidianas, que pueden llegar a parecer casi mínimas, y desde allí construye relatos sólidos.

El tema de la verosimilitud además está conjugado con un uso fantástico de las palabras. Su capacidad deescriptiva es abrumadora, y tal vez sea parte de la herencia que le dejó haberse dedicado al mundo del cine en sus años mozos. Hay incluso una declaración suya en la que intenta desligarse del género literario “duro”: “Yo no sé si hago literatura, lo único concreto y real, lo único que sé es que yo me siento y escribo“.

En la Argentina acaba de editarse un nuevo texto suyo, Los fantasmas del masajista (Eterna Cadencia Editora). Es un relato breve que parte de un paciente que narra sus visitas a un centro de rehabilitación para personas amputadas en San Pablo (ah, lo olvidaba: Bellatin carece de brazo derecho, como podrán ver en la foto), para luego terminar centrándose en la vida de su masajista y la relación que éste ha mantenido con su madre ya muerta.

Lo genial y “bellatinesco”, si se admitiese la categoría, es que luego de que la historia esté contada en palabras, hay una selección de fotos a través de las cuales el autor quiso re-narrar los sucesos.

Leer a Mario Bellatin no sólo es un placer intelectual, sino un desafío extra-literario más que recomendable entre tanta chatura que se publica.

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¡Que lugar %$#/ para sacar esta foto!

Escrito el 20/06/09, por hitoshi. Hay 1 comentario.
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Los libros te abren los ojos

Juan Sasturain, periodista, escritor y editor de libros, nos dejó tres recomendaciones de esas que no te podes perder.

Esta vez, tres mujeres te abren los ojos, la cabeza y tu imaginación:

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El peruano malhablado

Por Martín Lipszyc

No sé si alguna vez les ha pasado lo que a mí: ser seguidor de algo o de alguien y que esa persona o ese grupo de gente repudien la razón por la cual uno es fan.

Voy a ser gráfico. ¿Vieron cuando una banda asegura que odia tocar esa canción que tanto nos gusta? ¿O cuando un director de cine asegura que la peor película que ha hecho es esa que tanto nos conmovió?

Algo así me sucede con Jaime Bayly (Lima, 1965).

Me confieso casi fanático de su estilo de hacer televisión. Me encanta su modo de entrevistar, de generar climas, y esa impunidad casi ingenua que lo habilita a preguntarle cualquier cosa desde, por ejemplo, a una vedette como Moria Casán hasta tal vez el mismísimo Barack Obama.

Sin embargo, él asegura que odia trabajar en televisión.

Cada vez que puedo escuchar o leer algún reportaje que le hacen, Bayly resalta su rechazo al rol que tiene en la pantalla chica, asegura que sólo lo hace por dinero y que a él le gustaría poder simplemente escribir y vivir de sus escritos.

Tanto lo respeto y tantas veces lo escuché referirse a sus novelas que me volqué a leerlo. Ignorante de dónde comenzar, elegí la más elogiada, La noche es virgen, nada menos que ganadora del Premio Herralde de Novela en 1997 (galardón entregado por la prestigiosa Editorial Anagrama).

Y entonces sucedió lo anticipado: si bien es un libro que tiene un estilo sumamente interesante (la mezcla de monólogo interior con diálogos, la carencia de mayúsculas como simulando un diario personal, el poder visual de ciertas descripciones), lo cierto es que no creo que alcance su nivel como entrevistador.

Que se entienda: Bayly me pareció un buen escritor, mucho mejor que muchos otros que se dedican enteramente a la literatura, pero es tan alta su calidad como hacedor de preguntas, que sería una lástima que logre su cometido de abocarse simplemente a los escritos. Suena casi egoísta, pero es así. Si Bayly siguiera su deseo (o al menos lo que manifiesta como anhelo, porque internamente creo que es una pose, pero esa es otra discusión), los espectadores perderíamos a un distinto dentro de la mediocridad de la TV.

Por suerte todavía no se decide. No ha abandonado el periodismo y sigue despuntando el vicio de publicar novelas a la vez (de hecho acaba de editarse una nueva, El canalla sentimental).

Sinceramente espero que mantenga su indecisión.

Escrito el 12/06/09, por Martin. Hay 3 comentarios.
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El fascinante mundo mafioso

Por Martín Lipszyc

Si había un lugar en el mundo para estar durante los años sesenta, sin dudas era el continente europeo; y si bien el mundo intelectual rumbeó más hacia Francia, la ebullición pop se ubicó en Inglaterra. No cuesta entonces imaginar lo poderosa y a la vez interesante que habrá sido la vida de un hombre que en esa época fuera un capo del crimen organizado en Londres. Esa es la magistral, fantástica y atrapante historia que nos cuenta la novela Delitos a largo plazo, recientemente editada en español por Editorial Mondadori.

El texto narra la apasionante vida de Harry Starks, un gángster que abarcó distintas ramas delictivas en el Reino Unido (desde estafas multimillonarias hasta la industria pornográfica), y la particularidad es que está contada desde cinco puntos de vista, a través de los ojos de cinco personas que se relacionaron directamente con él. Así, el autor Jake Arnott da muestras de su gran capacidad literaria para modificar modismos y estilos, adaptando su escritura y moldeándola para convertirse en un ex amante de Starks, un aristócrata en decadencia, un delincuente medio fracasado, una actriz venida a menos y un criminólogo. Todos ellos mantuvieron relaciones con Starks, y gracias a cada relato, el lector va completando su propio mapa de la personalidad de Harry.

Obviamente, quienes llegan a los rangos más altos del mundo del hampa no son personas que podrían ser consideradas ”normales”, y Starks no es la excepción: Arnott presenta un personaje riquísimo en cualidades, destacándose entre ellas, por ejemplo, su conocida homosexualidad en un reino de presuntos tipos rudos, su temor a volverse loco, su pasión por la violencia y sobre todo su insistencia en definirse como un “hombre de negocios”.

Delitos a largo plazo es el debut novelístico de Jake Arnott -foto-, considerado hoy uno de los 100 escritores ingleses más influyentes del mundo, y es la primera parte de una trilogía que le ha merecido elogios y que se completa con textos que en breve arribarán a nuestras costas en el marco de la colección Roja & Negra, dirigida nada menos que por el escritor argentino Rodrigo Fresán.

Creo que la novela es realmente genial, pero tal vez sirva más destacar uno de los comentarios que ha recibido como para ilustrar sus características. Dijo la revista británica New Statesman: Delitos a largo plazo es Pulp fiction pulida hasta ser inmaculada”. Nada que agregar, ¿no?

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El avance inevitable

 

Por Martín Lipszyc

Por estos días hubo dos noticias interrelacionadas que confirman y refuerzan una tendencia asumida por todos: la digitalización de textos no sólo avanza a pasos agigantados, sino que nada parece poder detener su andar.

Me refiero al lanzamiento del nuevo dispositivo electrónico para leer textos de AmazonKindle” y la masificación del sistema “Scribd” para bajar libros enteros online (una suerte de iTunes de textos).

Antes que nada debo aclarar algo: detesto la tendencia a elevar lo “retro” o el pasado por pura nostalgia, pero realmente siento que hay una gran diferencia entre sostener un libro o un diario y leer ese mismo contenido ante la fría pantalla. (Incluso no puedo dejar de comprender la ironía de escribir al respecto ¡en un blog!)

Es cierto que las editoriales aseguran que el mercado de lectores de “objetos palpables” seguirá inalterable, pero me aterra pensar en el simple hecho de trasladar lo sucedido con la música. ¿Cuántos siguen comprando todos los discos originales? A medida que lo consulto con distintas personas que conozco me doy cuenta de que somos muuuuuy pocos. Y no me estoy refiriendo al ámbito de la piratería, sino a la descarga legal de canciones.

Mientras divagaba al respecto en mi mente, un amigo intentó hacerme ver el vaso medio lleno, sosteniendo que quizá la masividad de los e-books termine con el elitismo de algunos sectores literarios. Internet ha servido para masificar y globalizar conocimientos, y tal vez la posibilidad de tener “a la mano” cualquier texto, acabará por facilitarle material de lectura a muchos que están excluidos porque lo que buscan sencillamente no pueden conseguirlo. Esbocé una sonrisa, pero sólo de compromiso.

Lo que sí realmente me alegró fue escuchar otra noticia, que lamentablemente después fue descartada. Aseguraban que Google iba a comprar el diario New York Times, más que nada en un acto casi filantrópico de uno de sus dueños. Si bien, como dije, este rumor fue rechazado, imagino que hacia allí debería ir cierto tipo de beneficencia: sólo quienes no estén ávidos de dinero y deseen mantener cuestiones relacionadas a la calidad y más que nada estilo de vida de algunos pueden ser los que rescaten a los libros y los diarios en papel.

La pregunta que me queda es muy simple: ¿Seremos muchos los amantes del texto real?

Escrito el 22/05/09, por Martin. Dejá un comentario.
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No juzgarás

Por Martín Lipszyc

Hay momentos en que uno puede lograr cierta conexión con una obra de arte, sea cual fuere el ámbito a la que pertenezca. Ahora, cuando ese nexo despierta nuestra propia incredulidad y nos sorprende, la sensación es absolutamente fantástica.

Algo así me sucedió con la genial novela de Carlos Busqued Bajo este sol tremendo (Ed. Anagrama): el escritor se mueve en un lenguaje tan sutil y neutro pero a la vez seductor, que logra que al lector le caigan simpáticos hasta los personajes más siniestros que uno pueda imaginar. ¿Acaso alguien sonreiría en primera instancia ante un secuestrador fanático de la pornografía sádica? ¿O ante un vago que es capaz de permitir que las atrocidades más tremendas sucedan delante de sus ojos y no haga nada al respecto más que prenderse otro porro?… es la magia de Busqued.

Bajo este sol tremendo cuenta la historia que enlaza la vida de tres personajes construidos con un tino de escultor: Por un lado está Cetarti, un joven que debe desplazarse desde su casa en Córdoba hacia Chaco por el asesinato en esa provincia de su madre y su medio hermano; también está Duarte, ex mejor amigo del asesino (que se suicidó tras los crímenes), y encargado de ordenar la sucesión; y por último Danielito, patiño de Duarte e hijo del homicida.

Las tres vidas se van conectando, primero por el viaje de Cetarti a Chaco, después por toda la complejidad por el cobro de la herencia, más tarde por una visita que Duarte y Danielito deberán hacer a Córdoba. Y todo el tiempo prima el manejo neutral de Busqued: no hay juicio de valor ni tampoco moralinas, es un relato expositivo en donde golpear a otro hasta dejarlo inconsciente puede parecer tan normal como andar en bicicleta.

Bajo este sol tremendo es el debut de Carlos Busqued (Chaco, 1970) en la novela, y recibió una distinción especial en la entrega del último Premio Herralde de Novela, en 2008.

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La rareza de la Feria

Por Martín Lipszyc

La imagen sigue sorprendiéndome año tras año, a pesar de que se repite: llega la Feria del Libro y miles de personas hacen fila afuera del predio de La Rural de Palermo para entrar. No sólo esto, sino que están dispuestos a gastar unos $15 por entrada, con lo cual esa visita (que generalmente, y sobre todo los fines de semana, incluye a mamá y papá) se convierte en una salida familiar.

La primera impresión debería ser positiva, ya que uno pensaría que los argentinos se vuelcan masivamente a los libros y que la Feria no es más que el summum esperado por los ávidos lectores que existen en nuestro país. Sin embargo, todas las encuestas, consultas y estadísticas muestran que en la Argentina se lee y muy poco.

¿Cuál es el fenómeno de la Feria entonces?

Intento buscar en las visitas internacionales, pero tampoco encuentro allí una respuesta. Es cierto que llegadas ilustres como las de escritores de la talla de Henning Mankell o Junot Díaz prestigian el encuentro, pero la verdad es que no son ellos las razones que explican la gran afluencia de visitantes.

¿Serán los precios? Tampoco. Si bien uno puede hallar ediciones un tanto más barata que en la vía pública, lo cierto es que si se calcula el costo de una salida familiar, sería más barato ir y comprar el libro en la librería del barrio.

Honestamente, no me lo explico. Sí se que los números se agigantan año tras año: más visitantes, más expositores, más metros cuadrados para stands… pero ¿Y el resto del año?

Parecería que la lectura queda relegada a los años de estudio forzoso, y que el placer de los textos es algo pasajero, algo que “ya fue“. La Feria del Libro, entonces, no sería más que una novedad marketinera, un paseo como quien va a ver vidrieras para observar ropa que nunca comprará.

Desde luego que es positivo que mucha gente vaya a la Feria (peor sería que los pasillos estuviesen vacíos), pero creo que sería mucho más rico para todos que en lugar de acordarnos de los libros una vez al año y gracias a las movidas mediáticas, recordemos que un buen texto siempre puede estar a la mano y proponernos planetas mucho más interesantes que las series de TV.

(La 35ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires permanecerá abierta hasta el 11 de mayo.

Más información: www.el-libro.org.ar)

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En defensa de los policiales

Por Martín Lipszyc

El género policial suele ser menospreciado en primera instancia por muchos autollamados “críticos literarios” que quieren crear barreras elitistas entre los libros y los lectores. Pero lo cierto es que éstas presuntas jerarquías no existen y, en definitiva, si bien un texto de ficción debe invitar a la reflexión y al pensamiento, no menos importante es el condimento del entretenimiento. Rechazo a quienes critican a una novela por generar “simplemente un buen rato”, como si esto fuera tan fácil.

Volvamos: me gustan las historias de detectives. Pero no de esos investigadores que parecen superhéroes, sino todo lo contrario, cuanto más “humano” sea el protagonista mejor. Y en este punto es que la última novela de Ricardo Romero, El síndrome de Rasputín, se destaca por sobre muchas que he leído.

La historia nos sitúa en una Buenos Aires de un futuro no muy lejano, pero sin llegar a ser futurista. El clima predominante es el de las lluvias, que generan así un marco de Ciudad Gris constante. Además, ha habido una serie de ataques durante el Bicentenario, con lo cual la capital de la Argentina está medio devastada y los túneles de las líneas de subte son refugio para muchos habitantes. En esta situación, el joven Lucas Abelev es víctima de un ataque que lo deja en el hospital, pero además se lo acusa de haber asesinado esa misma noche a una persona.

En primera instancia no hay muchas razones ni para que él fuese el blanco de un hecho de violencia, y mucho menos para pensar en él como un asesino. Así es que sus dos amigos más cercanos, Gaspar Maglier y Federico Muishkin, harán lo posible no sólo por limpiar el buen nombre de su compañero que está postrado en un instituto médico, sino también para resolver el misterio del asesino. Mientras tanto, y como en toda buena novela del género, los muertos se van sucediendo.

Destacaba antes el concepto de “humanización”, y no fue casual: La particularidad es que tanto Abelev como Maglier y Muishkin sufren del síndrome de Tourette, es decir, son propensos a adoptar tics. Estos pueden ser de la más amplia variedad, ya sea palabras repetidas, gesticulaciones, sonidos…

La singularidad de estos tres investigadores amateurs hará que la novela tenga ribetes cómicos, lógicamente generados por las dificultades de lidiar con una enfermedad tan visible. Así es que nuestros justicieros deberán luchar también contra sus problemas personales con tal de llegar a la verdad.

El síndrome de Rasputín es la segunda novela de Ricardo Romero (Entre Ríos, 1976), y forma parte de la colección Negro Absoluto, dirigida por el reconocido escritor Juan Sasturain, y dedicada exclusivamente a policiales negros. Romero es además uno de los integrantes del colectivo de escritores El Quinteto de la Muerte y tiene escrita una novela hasta el momento inédita, Perros de la Lluvia.