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A veces se piensa al tiempo desde la cuantificación: algo que sucedió hace unos años, el encuentro que tendremos dentro de dos semanas, las vacaciones de dos meses que tanto anhelamos. Pero pocas veces pensamos en el conjunto, es decir “EL” Futuro, “EL” Pasado y, por sobre todas las cosas, “EL” Presente.
Uno de los autores argentinos más celebrados de la actualidad, César Aira, propone en su último libro Las aventuras de Barbaverde problematizar EL Presente. La novela, dividida en cuatro capítulos, cuenta distintos enfrentamientos entre el paladín de la Justicia, Barbaverde, y su archienemigo, el maléfico Dr. Frasca. En uno de esos combates, el malvado Frasca pretende afectar a la humanidad eliminando EL Presente. Más allá de las disparatadas vueltas que el genial Aira le encuentra al asunto, quería destacar un fragmento en el que el escritor reflexiona sobre ese Presente:
“ (…) Había que preguntarse por los efectos, primarios y secundarios, que podía tener la extinción del Presente. Bastaba una somera reflexión para ver que con él desaparecerían muchas de las cosas buenas de la vida, si no todas: el placer de contemplar una flor, de gozar del buen tiempo en una caminata o de mirar la lluvia desde la ventana; el sentimiento de lo temprano de la mañana o lo tarde de la noche, el canto de un pájaro, la música (que era Presente en estado puro), las lágrimas de identificación con el protagonista de una buena película…El pensamiento mismo. ¿Dónde se pensaba sino en el Presente? (…) Es cierto que todas estas cosas, todas las cosas y hechos en general, contenían también una proporción de Pasado y de Futuro, y no era fácil decidir por anticipado a qué quedarían reducidas sin el Presente. Pero el empobrecimiento sería inevitable. (…) Y había algo más, una pérdida más importante: sin Presente no podía haber Amor. La vida perdería su poesía, porque la poesía de la vida era el Amor. Aquí ya no se trataba de una amenaza a los aspectos estéticos o hedónicos de la existencia, sino a la esencia misma de la especie, al motor de la humanidad.”
Escrito el 18/05/08 por Martin
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A Buenos Aires le sienta bien el otoño.
El cambio de clima puede disgustar a muchos, pero es este mismo frío otoñal del que tanto escuché quejas el que nos permite disfrutar y darle la importancia que merece a un minuto bajo el sol.
Un respiro abrigado por uno de sus rayos les va a cambiar el día.
Foto en flickr por jmpznz
Escrito el 11/05/08 por Martin
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Amamos los números redondos.
Las fechas que nos recuerdan situaciones ocurridas hace 10 o 20 años las celebramos con mayor intensidad que aquellas que rememoran hechos de hace 11 o 21. Es así. No conozco grandes festejos por los 34 años de matrimonio, pero sí se de celebraciones rimbombantes por el aniversario número 30.
Y entonces llegó mayo de 2008. Inmediatamente, las neuronas se transportaron a París (si bien es necesario aclarar que hubo manifestaciones estudiantiles desde México a Praga, es cierto que la situación en la capital francesa se convirtió en el símbolo de la época).
Más allá de las ideologías, hubo un quiebre. Hay un antes y un después de aquel mayo. Y ya sea en mayo, junio, julio o diciembre, como ejercicio intelectual es interesante recordar lo sucedido entonces.
Acá les dejo un video que rejunta fotos muy interesantes de la época –viene con música que no es de mi agrado, pero por suerte está la opción de bajar el volumen!-.

Video en Youtube por lessalesmaj
Escrito el 04/05/08 por Martin
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La idea del gran final está instalada, reconozcámoslo, en todos. Pensar en EL último día de la vida es algo que evitamos por razones obvias, pero también puede ser productiva una programación. O al menos así lo pensó el escritor español Manuel Vincent. Por ello, entrevistó a grandes personalidades del mundo de la gastronomía y les consultó qué elegirían para una última cena.
Ferrán Adrià(foto 1), el cerebro detrás de los fuegos de El Bulli (España, 3 estrellas Michelín, recientemente considerado por tercer año consecutivo como el Mejor Restaurante del Mundo), optó por “Un menú degustación a base de marisco preparado de diferentes maneras, al estilo del restaurante Kiccho, en Kioto (Japón). Bambú con un surtido de sashimi; langostinos con tozu; sopa de almejas, sésamo y algas; fugu asado; vieiras con miso y tarta de almejas; nabo daikon con oreja de mar y lechuga sansho; tagliatelle kuzu con jengibre fresco rallado y una montaña de patatas… De postre tomaría algo que nunca he probado: fruta del Amazonas”.
Thomas Keller (foto 2), cocinero de The French Laundry (3 estrellas Michelín, considerado el Mejor Restaurante de Estados Unidos), no se mostró medido en cuanto a cantidades: “primero, medio kilo de caviar Beluga y atún toro; luego tomaría una quesadilla; después, pollo asado, y por último, queso brie con trufas. De postre elegiría entre tarta de limón o profiteroles”.
Alain Ducasse (foto 3), ícono de la cocina mundial, responsable de cocinas por todo el planeta (desde Mónaco hasta Hong Kong, llegó a tener tres restaurantes que simultáneamente ostentaban 3 estrellas Michelín), aseguró que la acompañaría con una música especial: “Una melodía que suena en mi cabeza, una canción escrita por Bart Howard en 1954 e inmortalizada algunos años después por Frank Sinatra: Fly me to the moon”.
Yo propongo pensar la situación al revés: no situarse en una hipotética “última comida”, sino tomar las recomendaciones de estos genios como una guía para que, cada uno a su ritmo, pueda incorporar algunos gustos a lo largo de la vida.
Vía EL PAIS, de España. Nota completa aquí.
Escrito el 28/04/08 por Martin
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El músico francés Benjamin Biolay dio un show excepcional en Niceto ayer por la noche (también se había presentado el viernes). Si bien recorrió parte de su carrera durante las casi dos horas de recital, hubo un momento en que decidió transportarnos -a los espectadores- al pasado: tomó la trompeta y se despachó con una versión de (irónicamente) As time goes by. La canción, originalmente de 1931, logró el reconocimiento internacional al integrar la banda de sonido de Casablanca en 1942, y decía esto:
You must remember this:
A kiss is still a kiss, a sigh is just a sigh.
The fundamental things apply
As time goes by.
Les dejo el video de esa interpretación realizada este fin de semana, pegada a la canción del propio Biolay Des lendemains qui chantent como yapa.

Foto en Flickr por Flopographía y video en Youtube por Kammie69
Escrito el 21/04/08 por Martin
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Pude abstraerme y me ví cantando junto con mi primo de catorce años las canciones de Divididos. Yo tengo 22, y en el pasado jamás hubiera pensado posible compartir y disfrutar de un recital con él. A la inversa, cuando tenía quince años, las personas de dieciocho me parecían ancianas, un espectro totalmente lejano. Pero hoy, el grueso de mi círculo de amigos es por lo menos tres años mayor que yo.
Pareciera como si los hombres y las mujeres construyéramos barreras relacionales según las edades, que luego el paso del tiempo mismo las destruye. O construye otras. Como si fuera uno de esos límites de estatura que existen en las montañas rusas aplicado a las edades, y así, a la hora de compartir experiencias, los otros deben pasar por ese filtro temporal.
Lo genial es que el derecho de admisión no es estático, sino siempre cambiante. Para quienes quedan afuera es sólo cuestión de esperar, porque inevitablemente pasa una de las siguientes dos opciones: O logran cruzar la barrera, o aquel que impuso el freno se les une.
Escrito el 15/04/08 por Martin
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Una de las cualidades más destacables del diario español El País es el modo en el que se encaran los reportajes (ojo, no confundir con entrevistas!). En el último número de su revista semanal, el periódico dedicó un extenso informe a Islandia, que según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, es el país con los mejores estándares en riqueza, sanidad y educación.
Sí, esa misma Islandia que hasta la década del ’40 era pobre y olvidada, tiene hoy la sexta renta per cápita del mundo. Ese mismo lugar en donde las noches invernales son eternas es el que alberga a la nación que más libros consume por persona. El mensaje queda claro, y sería interesante aplicarlo tanto a países como a individuos: nunca es tarde para el cambio, es cuestión de tomar la decisión y afrontar los riesgos (ver nota completa aquí).
Escrito el 08/04/08 por Martin
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A veces robarle tiempo al tiempo implica adelantarse, para descansar y disfrutar luego. Por eso, les recuerdo que hoy empieza la venta de entradas anticipadas para el festival de cine independiente de Buenos Aires. Atención, porque suelen agotarse muy pronto!
Hay que ir a la sede en donde se proyectará la película que uno quiere ver y comprar la entrada para la fecha deseada. Toda la información necesaria la encuentran en la página del BAFICI.
Las entradas valen $6, pero $4 si uno es estudiante o jubilado.
¿Cuál no pienso perderme? I’m not there, del director Todd Haynes sobre Bob Dylan, con Cate Blanchet (foto), Christian Bale, Richard Gere y Heath Ledger.
¿Ustedes recomiendan alguna?
Escrito el 01/04/08 por Martin
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Como todos, visito a mi abuela menos de lo que debería. No se porqué, pero cualquier excusa parece ser buena como para no ir. No es que la pase mal en su casa, todo lo contrario, me hace sentir verdaderamente a gusto. Pero simplemente surgen cuestiones relacionadas con el trabajo o el estudio que me mantienen alejado. Por eso mismo no pude rechazar la invitación a almorzar del último feriado.
Después del pollo al horno, le pregunté por mi abuelo (que murió hace varios años ya). Su muerte es un tema tabú, porque ella entra en una contradicción sentimental: se acongoja, pero le hace bien repasar los que fueron los mejores años de su vida. Inmediatamente después de mi pregunta, se levantó de la silla, fue a su habitación, revolvió unos cajones y regresó al comedor con un álbum de fotos tamaño biblia.
- Acá estamos en Buzios, en el ‘84 –empezó-. ¡Mirá que negra que estaba yo! ¡Y que flaca! Fueron nuestras primeras vacaciones solos como adultos, porque ya tu mamá y tus tíos se habían ido de casa…
Yo pasaba las fotos y ella las comentaba.
- En teoría ahí deberíamos haber pescado algo –acotó mi abuela mientras otra imagen mostraba a mi abuelo posar sonriendo con una caña en una lancha-, pero no sacamos nada. Igual conocimos a una pareja de alemanes en la excursión y esa misma noche fuimos a comer mariscos a un restaurante muy lindo, ya no me acuerdo como se llamaba.
En otra foto estaban abrazados compartiendo un coco. Mi abuela no se daba cuenta de que yo la miraba, pero pude ver cómo sonreía y le brillaban los ojos mientras desempolvaba las anécdotas.
En pleno muestreo me sonó el celular. Era un compañero con el que había quedado encontrarme para pasarle unas fotocopias y que me estaba esperando hacían ya diez minutos.
No sabía cómo encarar a mi abuela para decirle que tenía que irme de su casa, pero no hizo falta: ella sola se dio cuenta, cerró el álbum con una sonrisa y me dijo que ella entendía, que me fuera lo antes posible así no tardaba en llegar a la librería.
Bajó a abrirme, me despidió con un beso y me dijo: “Gracias, muchas gracias de verdad”.
Mientras caminaba a la estación del subte me di cuenta: lo que para mí fue un almuerzo de dos horas, para ella representó el retorno a un viaje de dos semanas.
Escrito el 27/03/08 por Martin