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Por Martín Lipszyc
Uno de los grandes argumentos de los noventa en favor de las privatizaciones fue que la competencia generaría grandes beneficios en el servicio brindado a los clientes. No creo que esta fundamentación haya funcionado en relación a ese tipo de empresas, pero me di cuenta con alegría que si se aplica en otro lugar: la tan criticada TV.
Hay una batalla que los televidentes debemos considerar como perdida, y esa es la respectiva a la puntualidad. En los canales de aire es prácticamente imposible saber a qué hora comienza un programa, ya que la gran mayoría eliminó el horario de inicio por el irritante “al término de…“. Pero esta misma competencia que hizo que en la TV abierta no sepamos cuándo comenzará el show que queremos mirar, obligó a los mismos programadores a eliminar una de las grandes molestias que teníamos los espectadores, como lo son las tandas.
En el prime-time (de 20 a 24 hrs.), y con tal de que el zapping no les “coma” puntos de rating, las pausas publicitarias tienden a ser cada vez menores. Es cierto que el giro comercial ahora pasa cada vez más por los famosos “PNT’s” (Publicidad No Tradicional, es decir, cuando dentro del mismo programa hacen un chivo), pero convengamos que es mucho menos molesto que el corte tajante.
Estoy de acuerdo con quienes argumentan que la TV de aire está en una cierta decadencia y no hay muchos productos destacables, pero en medio de tantas pálidas para quienes la ven, esto parece ser una buena noticia.
Y ya que hablo de TV, me confieso: si bien en los canales de aire no encuentro mucho para ver, sí sucede en el cable. Les dejo una recomendación de la que me he convertido en fanático hace ya mucho tiempo: No Reservations (programa conducido por el genial Anthony Bourdain en Discovery Travel & Living, miércoles 23.00 hrs.)
Escrito el 15/05/09 por Martin
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Carlos “El Indio” Solari supo plasmar una idea abstractísima y amplísima en una frase genial: “El futuro llegó hace rato“. El problema es saber cómo digerir este arribo.
Ya son muchos los que pregonan la moda retro, y no me incluyo entre los que aseguran que todo tiempo pasado fue mejor. Ahora bien, la velocidad de los cambios impide que uno se acostumbre, y eso sucede tanto en ámbitos trascendentales como en los más banales.
Leo en los medios que oficialmente en 2008 se cruzó la barrera de las 1000 millones de descargas de canciones legales sólo en Estados Unidos. No sólo esto: según estimaciones, en 2011 el 50 % del mercado musical se manejará a través de la web. ¿Y qué hay del arte de tapa? ¿A nadie le interesa el disco-objeto? ¿Llegaremos a un “vale por la descarga de un CD” como regalo navideño? Los románticos que preferimos el formato disco debemos además asumir que las ventas entre 2000 y 2007 cayeron un 45 %…
En el cine me golpeó de otra manera: ¡tuve que comprender que cambió James Bond! Toda mi vida escuché de quienes son mayores que yo que EL VERDADERO 007 era Sean Connery… y ahora me veo rechazando a Daniel Craig mientras pregono que el agente real es Pierce Brosnan.
Me quedo conforme por ahora por los fallidos intentos de eliminar los libros y los diarios. Por más que lo deseen, parece por el momento una tarea complicada para los fanáticos de los ciber-libros.
Pero a este ritmo… ¿Cuánto resistirán?
Será cuestión de tener fe… aunque eso de la fe también parece un tanto retro.
De yapa, y sólo a modo de ilustración, les dejo el video de la canción más descargada de 2008: Bleeding Love, de Leona Lewis.

Escrito el 19/12/08 por Martin
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Podrían considerarse a las vacaciones durante la juventud como épocas de ocio forzado: no se elige el cuándo de las semanas de descanso, sino que son impuestas por el calendario escolar. Y, de algún modo, los padres que pueden tomarse esos días para descansar con sus hijos son rehenes de esa temporalidad.
El problema, sin embargo, es cuando se cree que el estilo de vacaciones es compartido por quiénes cohabitan en espacio y tiempo. Lo digo más claramente: no porque uno disfrute de la estadía en un hotel significa que quiere pasar las mismas vacaciones que otra familia que esté en ese mismo lugar esos mismos días.
Mi hermano y yo somos estudiantes universitarios que debemos cumplir con cierto calendario. Lamentablemente, la única semana en la que coincidimos es la misma que ocupa los primeros siete días del receso invernal de los más chicos. Y mi madre, con ganas de pasar un tiempo a solas con sus dos hijos grandulones (22 y 20), decidió emprender un viaje a Colonia del Sacramento, Uruguay.
Evidentemente no fue la única: hordas de padres inconscientes que dejaban a sus niños llorar, corretear, llorar, gritar, llorar, molestar, llorar, también estaban allí.
Es lógico: los chicos son chicos y como tales sufren ciertas necesidades, desean llamar la atención, disfrutan de ser el centro. Lo que no es lógico es el desinterés y la falta de respeto de los padres -adultos consumados ya- en relación con los otros adultos.
¿Por qué, si yo quiero disfrutar de cuatro días con mi familia, tengo que soportar a otra familia? Si mi madre ya crió a sus hijos, ¿por qué debe nuevamente tolerar los gritos de los otros?
Créanme que no es para nada una postura antiniños: muchos chiquillos se comportaban y en otros casos, cuando no lo hacían, los padres eran lo suficientemente responsables como para hacerse cargo.
En fin… será que me estoy poniendo más viejo e intolerante, pero a mi regreso de Colonia, preciso vacaciones…
Escrito el 05/08/08 por Martin
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Con mi papá no se puede hablar de música. No conoce a las bandas actuales, no tiene idea de los músicos, pero para él todo lo nuevo es basura, una mala copia de lo anterior. Conociendo su postura prácticamente antimusical, intento evitar charlar con él de ese tema -del cual soy fanático, y puedo quedarme horas debatiendo una canción con cualquiera-.
Viajaba con mi padre en su auto cuando escuchamos el anuncio del recital de Los Fabulosos Cadillacs en el estadio de River.
- ¿Nunca antes habían tocado en el Monumental?- me preguntó.
- No. Va a ser su primera vez ahí.
- Pero se juntaron hace poco, ¿no?
Ahí le expliqué que se separaron un tiempo y que ahora se juntaban nuevamente, como para hacer una gira. Le dije algo así como “el efecto Soda Stereo“.
- Ja -aseguró cabeceando mientras el semáforo en la Avenida Cabildo nos impedía seguir avanzando-, tuvieron que separarse para tocar ahí… ¿te das cuenta de que en todos estos años generaron un vacío que no pudo llenar otra banda?
- Pse…-dudé. Ya sabía a dónde quería llegar-.
- Imaginate, cuando estaban activos no habían tocado en un lugar tan grande. Se separan, esperan un tiempo, no surge nada que se les parezca, y vuelven con todo.
- Algo así…
- Y claro… las bandas nuevas no proponen nada.
Su argumento fue demoledor. Quería responder, me sentía casi en la obligación de hacerlo no tanto por mí sino en defensa de todos los nuevos conjuntos… pero no se me ocurrió nada.
¿Es que no apareció nada nuevo o será que los frutos se verán en un tiempo? ¿Cuánta maceración debe tener una banda para lograr la madurez?
- Pa, no tenés idea de lo que hablas. -dije. Pero no sólo no lo convencí a él, sino que yo mismo sonaba más dubitativo que convencido.
Escrito el 26/07/08 por Martin
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Las percepciones que se instalan en la memoria suelen parecernos inamovibles. Uno se hace una idea de algo, y después se queda con esa idea. Para evitar el abstracto, lo ejemplifico: para mi generación, James Bond es Pierce Brosnan. Hablo con gente mayor y me aseguran que no, que Roger Moore o que Sean Connery son los verdaderos 007; lo comento con mis primos menores y creen que es Daniel Craig.
No importa: el “casillero James Bond“, en mi memoria, está ocupado. Y entonces ese modelo que uno tiene, lo toma para medir a los nuevos o los viejos. Siguiendo con el ejemplo, Daniel Craig será buen actor, pero no es el Bond que yo conocí.
El pasado instalado es mucho más fuerte que lo nuevo que pueda aparecer. La temporalidad gana intensidad por la permanencia. Pero, a pesar de esta inamovilidad aparente de los conceptos, hay casos en los que lo nuevo tiene tal nivel que derrumba a la idea establecida.
Me sucedió hace poco, viendo la última película de Batman -Batman: El Caballero de la Noche-.
Mi Guasón era Jack Nicholson. Y bien digo era, porque lo cierto es que Heath Ledger derrumbó un mito. Debo confesar que, a pesar de los comentarios que había escuchado antes de ver el film, pensaba que el trabajo de Ledger estaba siendo inflado simplemente porque el actor ha muerto, y siempre se ensalza a los fallecidos. Sin embargo, este nuevo Guasón es espectacular. Cualquier fanático, tanto del cine como del cómic, coincidirá: surge algo así como un nuevo paradigma. Si en el futuro aparece otra versión del villano, no deberá enfrentar a Nicholson.
Mi memoria fue sacudida, y ahora tiene un nuevo nombre en el casillero “Guasón“.
Escrito el 18/07/08 por Martin
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Al principio era una banda “sectaria”, de skate rock. Después se convirtió en una de las favoritas de los periodistas. Corrían los años ochenta y Massacre Palestina crecía muy de a poco. Un líder carismático, riffs mucho más interesantes que los que sonaban en las radios, y sin embargo la masividad tardaba en llegar.
Hubo cambio de nombre (después del atentado a la embajada de Israel pasaron a ser lisa y llanamente “Massacre“), cambio de integrantes -entró Fico como segundo guitarrista; partió uno de los fundadores, el bajista José Armetta-. Pasaron distintas discográficas hasta finalmente llegar a la autogestión. Pero siempre acompañaron las modificaciones con mucha música y empuje, comandados por el incansable Walas.
El reconocimiento llegaría: tarde o temprano, pero llegaría.
Discos cada vez más limpios, público creciente… Claro que no todo fueron rosas: tal vez uno de los puntos más duros que debió afrontar la banda fue justamente este año, cuando el guitarrista Fico sufrió un accidente en el que falleció su compañera y él terminó duramente golpeado. Pero el empuje siguió, y de pronto llegaron a la meca del rock: Massacre, finalmente, tocaba en Obras. “La fiesta de los superhéroes del under“, tituló Página/12 esa cobertura.
¿Cuántas bandas logran mantenerse durante tanto tiempo? Es fácil seguir con “el negocio” si sos parte de los Rolling Stones: tocando a salas llenas y facturando por millones todo se hace más llevadero. Pero la unión en la adversidad… eso sí que es complicado.
Y entonces me veo, ayer, en una Trastienda abarrotada de público de distintas edades, desde diecicortos a treintaylargos. Padres e hijos juntos, los fanáticos de siempre, los nuevos, parejitas, hombres y mujeres solos…
El ejemplo de la perseverancia está tocando en el escenario, y todos lo disfrutamos.
Escrito el 13/07/08 por Martin
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- Hagas lo que hagas, pase lo que pase, durante los primeros tres meses de vivienda en solitario no podes llamar a tus viejos ni para pedirles una aceituna.
La frase de mi primo mayor me quedó retumbando desde el momento en que mi mamá cerró la puerta de mi flamante morada. Era una oportunidad que no podía dejar pasar: me prestaron un departamento en el que sólo debo hacerme cargo de los gastos, sin pagar alquiler.
Todo transcurría de modo normal, extremando las medidas como para no tener que limpiar -Nota al margen: galletitas, cereales y alimentos que dejen migas, siempre es mejor comerlos sobre el fregadero-. Hasta que el primer accidente doméstico no se hizo esperar: como soy un fanático del café, una de las primeras decisiones que tomé fue prepararme una jarra de tamaño casi industrial como para tener reservas por unos días. Pero dio la casualidad que la cafetera que compré (prefiero el café de filtro), estaba mal soldada. Yo había llenado el filtro con una buena dosis de agua y dejaba que se escurriese a su ritmo, ocupado leyendo el libro del momento. Por eso me enteré tarde de que el contenedor de metal perdía por debajo: No me di cuenta sino hasta escuchar un constante goteo contra el piso de la cocina.
No habían pasado 24 horas y mi nueva casa ya era un enchastre.
No conforme con esto, decidí que lo mejor era retirar el filtro para que no siguiera acumulando café. Mala elección: apenas levanté del sobrecito, el papel no resistió el peso de los granos y el agua, y el filtro se agujereó. Una montaña arenosa de café decoraba entonces la ínfima cocina.
A punto de abandonar todo, cerrar con llave y regresar a la casa de mis padres, aquella frase de mi primo me volvió a la memoria. Así, al mejor estilo Jack de Lost, dejé que por cinco segundos el café tomara posesión de mi cerebro. Luego, paso a paso, ordené, limpié, sequé y acomodé.
Pedir ayuda hubiera sido retroceder en el tiempo, volver a los años de niñez. Esos segundos de claridad mental evitaron que mi presunta adultez retrocediera.
Igualmente, no veo la hora de que se cumplan los tres meses, como para degustar una buena comida casera…
Escrito el 15/06/08 por Martin
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El viernes explotó mi computadora. La explicación científica rechaza esta versión y asegura algo así como que “se quemó la fuente”, entre otros análisis. Pero creo que la versión dinamitada es gráficamente más clara.
Esa misma tarde fui a lo de mi abuela, que no podía creer la congoja sufrida por su nieto por la rotura de “un electrodoméstico” (sic).
- No abuela, es mucho más…uno puede cambiar una licuadora, pero la diferencia es que en la computadora tenía información importantísima, irremplasable. Esto no lo resuelvo comprando otra. Se perdió todo.
- ¿Pero vos le confiabas cosas importantes a una máquina?
Me tomé 5 segundos para responder, intentando entrar en su lógica, y atiné a decir:
- Es que ahora las cosas son así. Guardo la información en la PC (un capítulo aparte sería describir la cara de mi abuela al oírme decir “PC” en una oración sin connotación política) y es más práctico para el trabajo.
- ¿Y no tenías las cosas en otro lugar? Esos aparatos deben romperse todo el tiempo…
De a poco y sin quererlo, mi abuela demostraba mi falta de previsión.
- Debería haberlo hecho, pero no…nunca me hacía el tiempo necesario como para hacerme una copia de seguridad.
- Ah! -dijo contenta-. ¡Si no te hacías el tiempo es porque no tenías nada importante!
La lectura que hizo ella fue correctísima. Para las cosas que realmente importan uno debería tomarse el tiempo, al menos para protegerlas. Lamentablemente en mi caso no fue así. Una vez más, el “lo hago mañana” me jugó una mala pasada.
Imagen vía kevinchiu
Escrito el 08/06/08 por Martin
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Las vueltas de las modas en Internet y los beneficios que se fueron modificando hicieron de mí un diseminador de correos electrónicos: tengo cuentas en gmail, yahoo y hotmail. Y, como estimo les sucederá a muchos, sólo chequeo una de ellas con regularidad; a las otras las tengo “desatendidas”. Sin embargo, a veces entro como para ver si hubo alguna novedad que necesito saber y que me estoy perdiendo por mi torpeza al multiplicar las vías de comunicación. Efectivamente, el miércoles me llegó una invitación de un ex compañero del secundario para ir a su cumpleaños al sábado siguiente.
En mi curso jamás hacemos reuniones de graduados, y los cumpleaños suelen servir para ese fin. Así que, más por curiosidad que por otra cosa, fui para la fiesta. Así constaté lo que me imaginaba: H. sigue hablando a los gritos, J. todavía se arregla el pelo cada dos por tres, G. sólo puede charlar de fútbol, I. aun no controla su cuerpo (rompió una bandeja al girar con la cartera puesta), T. se mantiene como la más linda de todas, y S. se resiste a pensar que una revolución comunista es imposible en la Argentina de hoy. Me causó gracia, sobre todo en cuanto me vi haciendo los mismos comentarios irónicos con mi ex compañero de banco.
No se si es bueno o es malo, pero comprobé que es muy cierto ese cliché que asegura que “hay cosas que el paso del tiempo no puede cambiar”…
Escrito el 01/06/08 por Martin
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Nunca fui fanático de Indiana Jones, tal vez sobre todo porque era muy chico cuando se dio a conocer el personaje. Pero sí creo entender bien lo que Henry Jones Jr. -tal el nombre “real”- representa: el triunfo romántico del aventurero por sobre los conflictos entre las naciones (todo esto acentuado por el oficio casi nerd del héroe: ¡no olvidemos que este hombre que salva al mundo es un arqueólogo!).
Así, luego de diecinueve años sin pantalla, Indiana volvió de la mano de la tríada que lo forjó: Harrison Ford como actor, Steven Spielberg detrás de las cámaras y George Lucas produciendo. Si bien como espectador no quedé muy satisfecho con el desenlace del último film (que no pienso contar, pero que propongo en todo caso debatir), debo destacar lo más interesante: el regreso a los cines de una película de aventuras de la vieja escuela.
El conflicto sucede en 1957, vuelve la disputa Estados Unidos vs. Unión Soviética, hay disparos, corridas, persecuciones en autos, peleas a puñetazo limpio…¡Hasta el mítico látigo!
Nada de lásers, armas biológicas, ni peleas “a distancia”.
No soy de los que creen que “todo tiempo pasado fue mejor”, pero espero que con la trascendencia mundial que tiene el regreso de Indiana Jones, los directores y creadores del cine comprendan que no siempre más tecnología es mejor a la hora de contar una simple historia.
Escrito el 25/05/08 por Martin