Tu foto, un viaje: 4
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Por Martín Lipszyc
Si un escritor tiene otro oficio más allá que el de escribir, sus textos se vuelven inevitablemente más ricos. Es evidente en casos en los que el autor estudió derecho o medicina, y podrá agregarle condimentos a sus personajes que les darán más cuerpo; lo mismo sucede en los casos de historiadores o incluso matemáticos. Pero luego de haber leído algunos libros suyos, creo que John Berger es la prueba viviente de que el mejor maridaje para un escritor es el de la pintura.
Berger, nacido en 1926 en Londres, se formó como pintor en la Central School of Arts, y sin dudas esos estudios artísticos le han dado una herramienta distinguida a la hora de las descripciones. Por suerte para sus lectores en español, son cada vez más las ediciones traducidas a nuestro idioma, y en esta ocasión quiero destacar la reciente publicación de Un hombre afortunado.
Corría el año 1967 y Berger se juntó con el fotógrafo Jean Mohr para acompañar a John Sassall, que ejercía la medicina en un pueblo prácticamente perdido en el mapa de Inglaterra. Un hombre afortunado es la cobertura de esa situación tanto en fotos como en textos, una especie de ensayo documental sobre la vida de quien decide dedicar su tiempo a la salud de otros, en un contexto en el que el médico es mucho más que aquel que cuida el cuerpo de los hombres y pasa a ser el confidente, el consejero, el escucha…
En el libro, Berger expone también sus reflexiones, sus impresiones de la relación médico-paciente donde la confianza y el afecto pueden ser aun más importantes que un bisturí.
De yapa, me permito recomendarles los textos de ficción de Berger, en particular la llamada trilogía “De sus fatigas“, compuesta por Puerca Tierra, Una vez en Europa y Lila y Flag.