Supertramp tenía razón

Las vueltas de las modas en Internet y los beneficios que se fueron modificando hicieron de mí un diseminador de correos electrónicos: tengo cuentas en gmail, yahoo y hotmail. Y, como estimo les sucederá a muchos, sólo chequeo una de ellas con regularidad; a las otras las tengo “desatendidas”. Sin embargo, a veces entro como para ver si hubo alguna novedad que necesito saber y que me estoy perdiendo por mi torpeza al multiplicar las vías de comunicación. Efectivamente, el miércoles me llegó una invitación de un ex compañero del secundario para ir a su cumpleaños al sábado siguiente.
En mi curso jamás hacemos reuniones de graduados, y los cumpleaños suelen servir para ese fin. Así que, más por curiosidad que por otra cosa, fui para la fiesta. Así constaté lo que me imaginaba: H. sigue hablando a los gritos, J. todavía se arregla el pelo cada dos por tres, G. sólo puede charlar de fútbol, I. aun no controla su cuerpo (rompió una bandeja al girar con la cartera puesta), T. se mantiene como la más linda de todas, y S. se resiste a pensar que una revolución comunista es imposible en la Argentina de hoy. Me causó gracia, sobre todo en cuanto me vi haciendo los mismos comentarios irónicos con mi ex compañero de banco.
No se si es bueno o es malo, pero comprobé que es muy cierto ese cliché que asegura que “hay cosas que el paso del tiempo no puede cambiar”…
