Gran final gourmet
La idea del gran final está instalada, reconozcámoslo, en todos. Pensar en EL último día de la vida es algo que evitamos por razones obvias, pero también puede ser productiva una programación. O al menos así lo pensó el escritor español Manuel Vincent. Por ello, entrevistó a grandes personalidades del mundo de la gastronomía y les consultó qué elegirían para una última cena.
Ferrán Adrià(foto 1), el cerebro detrás de los fuegos de El Bulli (España, 3 estrellas Michelín, recientemente considerado por tercer año consecutivo como el Mejor Restaurante del Mundo), optó por “Un menú degustación a base de marisco preparado de diferentes maneras, al estilo del restaurante Kiccho, en Kioto (Japón). Bambú con un surtido de sashimi; langostinos con tozu; sopa de almejas, sésamo y algas; fugu asado; vieiras con miso y tarta de almejas; nabo daikon con oreja de mar y lechuga sansho; tagliatelle kuzu con jengibre fresco rallado y una montaña de patatas… De postre tomaría algo que nunca he probado: fruta del Amazonas”.
Thomas Keller (foto 2), cocinero de The French Laundry (3 estrellas Michelín, considerado el Mejor Restaurante de Estados Unidos), no se mostró medido en cuanto a cantidades: “primero, medio kilo de caviar Beluga y atún toro; luego tomaría una quesadilla; después, pollo asado, y por último, queso brie con trufas. De postre elegiría entre tarta de limón o profiteroles”.
Alain Ducasse (foto 3), ícono de la cocina mundial, responsable de cocinas por todo el planeta (desde Mónaco hasta Hong Kong, llegó a tener tres restaurantes que simultáneamente ostentaban 3 estrellas Michelín), aseguró que la acompañaría con una música especial: “Una melodía que suena en mi cabeza, una canción escrita por Bart Howard en 1954 e inmortalizada algunos años después por Frank Sinatra: Fly me to the moon”.
Yo propongo pensar la situación al revés: no situarse en una hipotética “última comida”, sino tomar las recomendaciones de estos genios como una guía para que, cada uno a su ritmo, pueda incorporar algunos gustos a lo largo de la vida.

Pablo
Hola Martín, muy bueno tu post. De hecho hace poco mirando Prison Break vi una situación directamente relacionada con esto, dónde le preguntan a Lincol Burrows que desea comer para su última comida -antes de ser ejecutado en la silla eléctrica-. Más allá del desenlace (que no voy a revelar) lo importante es que el elije unos Panqueques de Arandanos por recordarle a los desayunos que el solía tener con su hijo cuando estaba en libertad. Osea, él eligión un recuerdo : )