Archivo: Abril, 2008

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Esperar es lo mejor

Saqué esta foto en un barcito donde todo es rico en Palermo (Buenos Aires):

 

 

 

 

 

Y me hizo pensar. ¿Qué cosas es bueno esperar? ¿El regreso de un amante? ¿A que se enfríe la sopa? ¿Un mesías? ¿Un milagro?

Yo -que nunca fui buena para estas cosas- espero.

 

Escrito el 30/04/08, por Maria. Hay 5 comentarios.
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Gran final gourmet

 

La idea del gran final está instalada, reconozcámoslo, en todos. Pensar en EL último día de la vida es algo que evitamos por razones obvias, pero también puede ser productiva una programación. O al menos así lo pensó el escritor español Manuel Vincent. Por ello, entrevistó a grandes personalidades del mundo de la gastronomía y les consultó qué elegirían para una última cena.

Ferrán Adrià(foto 1), el cerebro detrás de los fuegos de El Bulli (España, 3 estrellas Michelín, recientemente considerado por tercer año consecutivo como el Mejor Restaurante del Mundo), optó por “Un menú degustación a base de marisco preparado de diferentes maneras, al estilo del restaurante Kiccho, en Kioto (Japón). Bambú con un surtido de sashimi; langostinos con tozu; sopa de almejas, sésamo y algas; fugu asado; vieiras con miso y tarta de almejas; nabo daikon con oreja de mar y lechuga sansho; tagliatelle kuzu con jengibre fresco rallado y una montaña de patatas… De postre tomaría algo que nunca he probado: fruta del Amazonas”.

Thomas Keller (foto 2), cocinero de The French Laundry (3 estrellas Michelín, considerado el Mejor Restaurante de Estados Unidos), no se mostró medido en cuanto a cantidades: “primero, medio kilo de caviar Beluga y atún toro; luego tomaría una quesadilla; después, pollo asado, y por último, queso brie con trufas. De postre elegiría entre tarta de limón o profiteroles”.

Alain Ducasse (foto 3), ícono de la cocina mundial, responsable de cocinas por todo el planeta (desde Mónaco hasta Hong Kong, llegó a tener tres restaurantes que simultáneamente ostentaban 3 estrellas Michelín), aseguró que la acompañaría con una música especial: “Una melodía que suena en mi cabeza, una canción escrita por Bart Howard en 1954 e inmortalizada algunos años después por Frank Sinatra: Fly me to the moon”.

Yo propongo pensar la situación al revés: no situarse en una hipotética “última comida”, sino tomar las recomendaciones de estos genios como una guía para que, cada uno a su ritmo, pueda incorporar algunos gustos a lo largo de la vida.

Vía EL PAIS, de España. Nota completa aquí.

Escrito el 28/04/08, por Martin. Hay 1 comentario.
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Tranquilo, estás a tiempo

Tiger Woods tenía tres años cuando totalizó 48 golpes en un recorrido de 9 hoyos del circuito de golf cercano a su casa, en Cypress, California.

Julie Andrews tenía ocho años cuando logró cantar con un prodigioso alcance de cuatro-octavas.

Mozart tenía ocho años cuando escribió su primera sinfonía.

Charles Dickens tenía doce años cuando dejó el colegio para trabajar en una fábrica porque su padre había ido preso por una deuda.

Ana Frank tenía trece años cuando comenzó su diario.

Paul McCartney tenía quince años cuando John Lennon lo invitó a formar una banda.

Bill Gates tenía diecinueve años cuando co-fundó Microsoft.

Platón tenía 20 años cuando se convirtió en discípulo de Sócrates.

Henry David Thoreau tenía veintisiete años cuando se mudó a las orillas de Walden Pond, construyó una casa, plantó una huerta y comenzó su experimento de dos años de simplicidad y autosustento.

Ralph Lauren tenía veintinueve años cuando creó Polo.

William Shakespeare tenía treinta y un años cuando escribió Romeo y Julieta.

Thomas Jefferson tenía treinta y tres cuando escribió la Declaración de la Independiencia de Estados Unidos.

Coco Chanel tenía treinta y ocho años cuando lanzó su perfume Chanel número 5.

La Madre Teresa de Calcuta tenía cuarenta años cuando fundó las Misioneras de la Caridad.

Henry Ford tenía cincuenta años cuando creó su primera fábrica con linea de montaje.

Pablo Picasso tenía cincuenta y cinco años cuando pintó el Guernica.

Dom Pérignon tenía sesenta años cuando produjo por primera vez champagne.

Oscar Hammerstein II tenía sesenta y cuatro años cuando escribió las letras de La Novicia Rebelde.

Winston Churchill tenía sesenta y cinco años cuando se convirtió en primer ministro de Gran Bretaña.

Nelson Mandela tenía setenta y un años cuando fue liberado de prisión. Cuatro años después fue elegido presidente de Sudáfrica.

Miguel Ángel tenía setenta y dos años cuando diseñó el domo de la Basílica de San Pedro.

Auguste Rodin tenía setenta y seis años cuando se casó con Rose Beuret, a quien había conocido a los veintitrés.

Benjamin Franklin tenía setenta y nueve años cuando inventó los anteojos bifocales.

Frank Loyd Wright tenía noventa y un años cuando completó su trabajo en el Guggenheim Museum.

Dimitrion Yordanidis tenía noventa y ocho años cuando corrió una maratón en siete horas, treinta minutos, en Atenas, Grecia.

Ichijirou Araya tenía cien años cuando escaló el Monte Fuji.

Aunque tengas dieciséis o sesenta, el resto de tu vida está por delante. No podés cambiar tu pasado, pero podés cambiar todo tu futuro. Ahora es tu tiempo.

Extracto del libro The Rythm of Life, de Matthew Kelly.

Escrito el 26/04/08, por Maria. Hay 5 comentarios.
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Bauns: a que 1 minuto no te alcanza…

Ferry Halim es un diseñador freelance que trabaja en Fresno, California. Se hizo famoso en la web hace unos años por sus mini-juegos-super-adictivos que tiene publicados en un sitio llamado Orisinal (sí, así, con “S”). Y como siempre, buscando en la web otra cosa, pasé después de mucho tiempo por allí. Los norteamericanos llaman a éste tipo de juegos “timewasters” pues no tienen un fin en particular, ni se compite contra otros ni hay rankings… son para matar el tiempo (si es que tal cosa existe, yo personalmente creo que es justamente al revés, pero eso es tema de otro post). Dicho ésto, te invito a que trates de jugar sólo 1 minuto este mini-game llamado “Bauns” desarrollado por él, seguro que no te alcanza…

Clickeá sobre la pelotita plateada, arrastrala hacia abajo y dale dirección. Luego soltá el botón del mouse para liberarla.
..bauns.jpg

Escrito el 23/04/08, por Fer. Hay 2 comentarios.
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La relatividad viaja en ascensor

Hoy, como todas las semanas, me costó empezar el lunes. Traté de hacer un rápido repaso de lo hecho y vivido durante el fin de semana. La verdad es que las 48 hs que dura un finde pueden pasar volando, como pueden ser eternas. Pueden ser recordables, olvidables o solo pasar inadvertidas. No nos vamos a explayar aquí con gráficas extrañas acerca de la teoría de la relatividad, no te asustes. Es que me acordé de esta anécdota de la cual me enteré la semana pasada…

Una noche de un viernes de octubre de 1999, Nicholas White, un gerente de producción de 34 años de la revista Business Week se quedó hasta última hora trabajando en la edición de un suplemento especial. Luego de ver un partido de los Braves versus los Mets en la tele, le avisó a un compañero de trabajo que bajaba al lobby del edificio a fumar un cigarrillo. Su oficina quedaba en el piso 43 del edificio de la Editorial McGraw-Hill, en NY. Bajó, fumó y se subió a un ascensor “express” que no paraba en los pisos por debajo del 39, para volver a su oficina a terminar su tarea, recojer sus cosas, volver a su casa y comenzar tardíamente a disfrutar del descanso reparador que le otorgaría su fin de semana.

En plena subida, de repente sintió un sacudón. El ascensor paró y se apagaron las luces. Apretó el botón de intercomunicador tratando de establecer contacto con alguien que lo ayude, pero nadie respondió. Accionó el botón de alarma también. Pero el edificio a esas horas ya estaba vacío. Estaba sin reloj, sin teléfono celular y con todo un fin de semana por delante. Hasta el lunes por la mañana, cuando la ciudad y el edificio tomaron su ritmo de trabajo, pasaron 41 horas. Acá, un repaso de su experiencia tomado por las cámaras de seguridad del ascensor (ver rectángulo de arriba a la derecha, en el ascensor número 30). Vía The New Yorker.

[youtube dxW36e6XMOY]

Y vos, ¿qué tal usaste las horas del fin de semana?

Escrito el 21/04/08, por Fer. Hay 3 comentarios.
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Benjamin Biolay y el tiempo

 

El músico francés Benjamin Biolay dio un show excepcional en Niceto ayer por la noche (también se había presentado el viernes). Si bien recorrió parte de su carrera durante las casi dos horas de recital, hubo un momento en que decidió transportarnos -a los espectadores- al pasado: tomó la trompeta y se despachó con una versión de (irónicamente) As time goes by. La canción, originalmente de 1931, logró el reconocimiento internacional al integrar la banda de sonido de Casablanca en 1942, y decía esto:

You must remember this:
A kiss is still a kiss, a sigh is just a sigh.
The fundamental things apply
As time goes by.

Les dejo el video de esa interpretación realizada este fin de semana, pegada a la canción del propio Biolay Des lendemains qui chantent como yapa.

[youtube TqCrNJu6XGc nolink]

Foto en Flickr por Flopographía y video en Youtube por Kammie69

Escrito el 21/04/08, por Martin. Hay 2 comentarios.
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Mirar el tiempo

Este video fue realizado por 3eyes, una agencia de diseño y proyectos experimentales en Inglaterra. Se llama Street Clock y se trató de una intervención urbana que comprueba eso de que se puede ver las siete de la tarde en el cielo, antes que en el reloj.

[youtube i6jIaTApsAI]

Vía Mirá!

Escrito el 20/04/08, por Maria. Hay 2 comentarios.
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P1M Presente

[youtube YU2M69Dc8rM nolink]

Escrito el 18/04/08, por Editor P1M. Hay 2 comentarios.
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Vení a detenerte por el planeta

Mañana 17 de Abril, a las 12:30hs, en la Torre de los Ingleses, te invitamos a sumarte a la convocatoria por el planeta. Proyecto1minuto estará presente!

[youtube PBhZgJDyNLU nolink]

Escrito el 16/04/08, por Editor P1M. Hay 2 comentarios.
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Límite temporal

 

Pude abstraerme y me ví cantando junto con mi primo de catorce años las canciones de Divididos. Yo tengo 22, y en el pasado jamás hubiera pensado posible compartir y disfrutar de un recital con él. A la inversa, cuando tenía quince años, las personas de dieciocho me parecían ancianas, un espectro totalmente lejano. Pero hoy, el grueso de mi círculo de amigos es por lo menos tres años mayor que yo.

Pareciera como si los hombres y las mujeres construyéramos barreras relacionales según las edades, que luego el paso del tiempo mismo las destruye. O construye otras. Como si fuera uno de esos límites de estatura que existen en las montañas rusas  aplicado a las edades, y así, a la hora de compartir experiencias, los otros deben pasar por ese filtro temporal.

Lo genial es que el derecho de admisión no es estático, sino siempre cambiante. Para quienes quedan afuera es sólo cuestión de esperar, porque inevitablemente pasa una de las siguientes dos opciones: O logran cruzar la barrera, o aquel que impuso el freno se les une.

Escrito el 15/04/08, por Martin. Dejá un comentario.
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